Cenicienta

Cenicienta en la calle con un vestido raído,
zapatillas rotas en los pies, avergüenza nuestra ordenada ciudad,

duros sus mechones de gris ceniciento, vago vapor en su mirada,

vendiendo periódicos en la acera en este día amargo.
Cenicienta una vez fue dulce, elegante y bella como un lirio,

con zapatos plateados, cintas en su cabello,

hombres sólidos buscaban su mano, ella era coqueta como un membrillo,

viviendo en una bella tierra, esperando por un príncipe.
Pasaron los días y pasaron los años, ella estaba pálida y melancólica,

no escuchaba el suspiro de una madre, el ruego de un amante,

sobre sus labios un alegre villancico, en su corazón un sueño,

pronto el príncipe iría por su camino, galante y resplandeciente.
Luego al fin ella aprendió la verdad, cómo su esperanza era vana,

su belleza se fue, su juventud se fue, dejando deseo y dolor.

¡Vean!, ella está esperando completamente sola,

¡escuchen!, escúchenla gritar los periódicos en la acera, rogando que le compren.

Los vientos invernales están congelando, nubes encapotan el cielo,

Cenicienta estará enferma, adiós, adiós y estará muerta.

Aún ella conservó clara su visión, fue fiel al romance,
manteniéndolo por siempre querido, a aquel que jamás conoció.
* * * * * * * * * * * * * * * * *
Las Cenicientas de hoy no tienen oportunidad de perder,
cuando un buen tipo viene a su encuentro, clávenlo hasta la cruz.

Dejen que alguna palabrota ordinaria convenza a su tímido corazón,

nunca se pierdan el coche nupcial esperando por un príncipe.

 

traducción: Hugo Müller

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