Café Comedia

Ella: Estoy esperando el hombre con el que espero casarme. Nunca lo he visto –esa es la parte divertida-. He prometido que usaré una rosa roja, aferrada a mi vestido sobre mi corazón emocionado, así él me reconocerá –una sabia precaución-, porque le escribí que tenía veintitrés, y oh, montones y montones de tontas mentiras… Entonces cuando nos encontremos, ¿qué pensará de mí?

Es divertido pero tiene su lado lamentable, puse un aviso en el diario vespertino:

“Una doncella solitaria puede ser una esposa”.

Oh, confieso que fue vergonzoso para mí. Pero tengo 31 y estoy desesperada, deseando un hogar y niños antes de que sea demasiado tarde, y olvidé que ya no soy joven y linda, ocultaré mi rosa y escaparé… No, no, esperaré.
Pasó una hora y todavía sigo esperando. Me debería sentir aliviada pero estoy tan triste.

Me hubiese gustado verlo, sólo para estremecerme, suspirar y decir: “¡Allí viene mi adorable muchacho!, ¡mi único romance! Ah, ¡la vida es una maligna desgracia! Mozo, un café con crema. Me quedaré hasta las nueve…

El café está vacío, sólo un tipo viejo que está sentado en la mesa junto a la mía….

El: Estoy esperando a la chica con la que me voy a casar. Iba a venir a las ocho y ahora son las nueve. Iba a llevar sobre su vestido una rosa roja, y yo una margarita en el mío. No veo señales de ella… Es cierto que mis ojos necesitan anteojos más fuertes de los que uso pero oh, siento que mi corazón reconocería su rostro sin la rosa, ella es tan linda. ¡Ah, qué tramposos somos los hombres viejos!, ¡qué vanidad mantiene joven el brillo de la esperanza! ¡Pobre muchacha! Le envié una foto tomada cuando era un estudiante, hace veinte años. (La de ella es tan primaveral, ¡oh, tan dulce como una flor!) ¡Cómo se estremecerá cuando me vea ahora! Pienso que mejor es ocultar la margarita, ¿cómo puedo comprometerme siendo viejo y feo?

Ella no viene. Ya son más de las nueve. ¡Qué tontos somos los chapados a la antigua! Intentaré reír (Mozo, debería traerme otra cerveza) Enamorándome, sólo de una fotografía. Bueno, es el fin. Me voy a casa y olvidaré, entonces me daré cuanta de que ya soy bastante maduro, arrojaré este tonto cigarrillo y filosóficamente encenderé mi pipa.
* * * * *
El mozo trajo el café y la cerveza, y allí estaba sentada, la pareja tan desconsolada, y parecían pensar: “¿Por qué permanezco aquí?”
Cuando de pronto se dieron vuelta y comenzaron a mirarse.

Ella espió una margarita, él vislumbró una rosa, sus ojos se unieron y en un destello lo supieron… El mozo adormilado vio a la hora de cerrar el dulce romance de aquellos dos engañados, cuyos labios se juntaron, sus corazones, su futuro también.
traducción: Hugo Müller

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