Sus juguetes

La senté en su silla de bebé y puse en su bandeja su muñeca y osito pero no, no iba a jugar.

Aunque ellos la miraban anhelantes implorando su favor, ella se rió de mi con alegría de duende y los lanzó al piso.
Le traje su cordero y su payaso de circo pero el resultado fue el mismo:

con chillido de alegría los arrojó como si fuera un juego. Quizás lo era,

porque ella buscó con la vista dónde habían caído y actuó patéticamente

hasta que le alcancé los juguetes nuevamente.

Hoy sólo hay una silla vacía, y en medio de un velo de pena

daría mi vida si ella pudiera estar lanzando sus juguetes de nuevo.
Un fantasma diminuto es todo lo que veo, que se ríe mientras lloro,

y levanta sus pequeñas manos con alegría, hacia el cielo.
traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *