No debería arder

Estoy hecho con amor y deseo, no me importa el oro o la fama,

espero que el polvo familiar reclame estos frágiles dedos: no es para mí la llama del tigre.

No es para mí el brillo del horno, la furia del fuego y la condena de las cenizas,

a la dulce tierra dedico mis huesos, donde sobre una pobre tumba broten las rosas de enero.

Ustedes son locos, locos y tontos, quienes confían a sus seres queridos a los fuegos,

dénle a la madre tierra su deuda, la carne se desperdiciará pero el hueso permanecerá,

dejen que los amados yazcan uno junto al otro.

Dejen que el acre de Dios siempre sueñe, derramen sus lágrimas y traigan flores,

sobre el hueso bruñido por la edad brillarán el crucifijo y el anillo de bodas:

las tumbas son confortablemente dulces.
¡Malditos sean aquellos que arrojen mis restos al horror de las llamas!

 

traducción: Hugo Müller

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