La oración de Bill

Jamás pensé que Bill pudiera decir una oración apropiada,

estaba más en su duro y golpeado modo de ser maldecir y jurar,

aún vino la noche cuando Baby Ted estaba malamente enfermo,

yo golpeteé su pequeña cama, y allí estaba Bill.
Sí, sobre sus rodillas inclinadas lo oí llorar:
“¡Oh Dios, no te lleves a mi bebé, por favor, no dejes que muera!”
Entonces suavemente, para que no me viera, me deslicé afuera:

se hubiese avergonzado tanto de que lo haya visto rezar.
Los hombres del pueblo son extraños: Bill actúa duro, aún qué extraño es,

cuando las cosas se ven demasiado rudas él llama a Dios.

“¡Condenados sean el cura y el sacerdote!” lo escuché decir:

Aún cuando está involucrado su bebé él es rápido para rezar.
Quizás es el parentesco gentil lo que nos da gracia,

y en su modo sacrificial levanta la carrera.
Por encima de todo, esa bondad de sentimiento, pienso, revela que

la mejor salvación es el amor por los pequeños.

 

traducción: Hugo Müller

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