La confianza

Dado que tengo más de ochenta años y mi día es oscuro,

ahora me preparo para encontrar a mi Dios, y para la oración de perdón.

Mi ruego no es por salvación ni por la esperanza del cielo, sólo descanso, rezando:

“Querido Padre, perdóname, no he hecho lo mejor que pude.

No medí con el Justo para servir a mis compañeros,

sino que alquilé mi preciosa pluma a la levedad y la codicia.

Lo lamento por el toque sagrado, y aunque trabajé con ánimo, querido Dios,

ten piedad, en tanto no he hecho lo mejor de mí.
Te bendigo por el don que me diste, que trajo felicidad dorada,

aún aquí junto a la tumba gentil lamento su empleo.

Ten piedad, Señor, tan bien sé que te he fallado en la prueba,
y mi último pensamiento es uno de dolor: no he hecho lo mejor de mí”.

traducción: Hugo Müller

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