Alondras

Vi alondras cantantes a la venta (¡ah!, el dolor de ello),

ensartadas y listas para empalar en un asador,

felices alondras que en el largo verano atormentó el cielo radiante,

adoración en su canción… Empacadas para hacer un pastel.
¡Escuchen!, de brotes de alegría no vistos derraman sus enjoyadas notas.

Las enredan en redes verdes, retuercen sus gargantas líricas,

agarran sus alas y las encuerdan fuerte, las apuñalan con una brocheta,

todo para tentar el apetito del epicuro.
¡Sombra de Shelley! No te acerques a este maldito lugar,

donde por seis pesos uno puede comprar alondras para la comida,

Dante, pinta un infierno más negro, sumerge en oscuridades más profundas

a los desgraciados que pueden asesinar y vender alondras de corazón soleado.

Ustedes que comen, son los peores: por dolores internos serán malditos para siempre

aquellos que recogen estos pobres restos.

Pero para su alegría alada deberían remontarse al cielo desde el césped:

en éxtasis una alondra verterá su gratitud a Dios.
traducción: Hugo Müller

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