Seguridad

Había una vez una lapa hinchada con orgullo que le dijo al mar escabroso:

No soy yo que me aferro a la roca, es la roca que se aferra a mí,

es la vieja roca tonta que me agarra fuerte porque me ama tanto,

y aunque luche con todo mi poder no me dejará ir”.

Entonces el mar dijo que odia a la roca que lo desafía noche y día:

Quieres ser libre, bueno, déjamelo a mí, te ayudaré a escapar.
Conozco una playa plateada tan hermosa, donde puedes permanecer felizmente,

lárgate esta noche cuando brille la luna, y te beberé en mi oleaje”.
La lapa dijo bajo: “Me gustaría ir pero, ¿qué es una playa plateada?
El mar dijo: “Es arena, brillante roca bebé, y serás el señor de cada una”.

La lapa dijo: “¡Qué bueno! La vida seduce y sería un pirata”.

Tan audaz soltó su agarre y se lanzó en el mar riente.

Pero cuando alcanzó la profundidad gélida donde las aguas giran y se balancean

comenzó a saber con una sensación de dolor que el destino de una lapa es aferrarse.
Pero no se podía aferrar a una medusa, o adherirse a un alga,

entonces elevó un grito mientras las olas pasaban, pero éstas se negaban a escucharla.

Entonces  cuando llegó a la glauca profundidad donde los congrios se enrollan y miran impúdicos,

la carne en su concha comenzó a arrastrarse, y ella se encogió en un pánico absoluto.

Era bueno alcanzar aquella playa plateada que brillaba en la luz de la mañana,

donde una banda brillante de arena plateada miraba hacia arriba con un brillo de bienvenida.

Miraba hacia arriba con una sonrisa llena de astucia, llamaba a través del azul cristalino:

Cada una de nosotras es una roca bebé, y queremos aferrarnos a ti”.
Entonces el corazón de la lapa saltó con alegría, porque ella odiaba la amplitud de las aguas,

entonces se hundió hacia el banco de arena que se aferró a su lado posterior.

Se aferró tan fuerte que no podía respirar, tan fieramente lucho por liberarse
pero la arena plateada no podía comprender, mientras sobre ella se reía el mar.

Entonces a cada ola que se agitaba ella gritaba en su lamento y dolor:

Oh, llévame de regreso, déjame volver rápido a mi roca firme de nuevo”.

Ella gritó hasta que levantó un taxi-cangrejo que contento le dio un paseo,

pero lamento decir que en su hosco modo él insistió que ella se sentara adentro…

Entonces, si eres de la cría de la lapa advierte el brutal shock de la vida,

no tomes la oportunidad del mar cambiante sino aférrate como el demonio a tu roca.

 

traducción: Hugo Müller

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *