Los adictos de Dios

El Dios de los escribas miró hacia abajo y vio una amarga banda de siete,

que habían violentado su sagrada ley y perdido su fe en el Cielo:

ven Villon, mezquino ladrón y chulo, y el obsceno Baudelaire,

y Byron con su lujuria y cojera, y Poe con su mirada estelar.

Y Wilde, que vivió su infierno en la tierra, y Burns, el bardo verde,

y Francis Thompson, desde su nacimiento malévolamente sembrado de estrellas…
Como una fila de fantasmas lívidos ellos se encaminaron al paraíso,

la galaxia de los huéspedes del cielo miró hacia abajo en suave conjetura.

Dios dijo: “Ustedes, bastardos de mi amor, son mis hijos selectos,

vengan, los pondré bien alto, por encima de aquellos meramente santos.
Sus pecados los han pagado en dolor y hiel, entonces a aquellos cielos radiantes

seductor, bebedor, drogadicto, ladrón, inmortalmente se han de elevar.

Yo soy su Padre, cariñoso y justo, y veo toda su locura, su bestialidad y lujuria,

también las conozco en mí. Hicieron la tarea que les dí…

Levántate y siéntate a mi lado, hijo mío, el más amado, que también fuiste crucificado”.
traducción: Hugo Müller

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