La lenta independencia de una isla estatégica y bucólica

En Buka una solemne procesión de isleños creyentes marcha desde la iglesia católica al parque Bel Isi, donde se arrodillan ante una cruz improvisada. Hay un tema que domina a los fieles hoy en Bougainville. El sacerdote dice: “Esta mañana nos reunimos en el parque Bel Isi para pedirte que bendigas el referéndum. Que sea pacífico y exitoso”.

Aparte de quienes acuden a la ceremonia, la ciudad está casi desierta. Un puñado de botes-taxi flotando cerca del mercado cerrado. Los barcos han traído familias vestidas en sus mejores atuendos de domingo para la iglesia desde otras partes de la isla, a uños 700 kilómetros de la costa de Papua Nueva Guinea.

Bernadine Perekai vino con sus dos hijos desde Haku, cruzando el canal de Buka, para asistir a la ceremonia. Ella dice: “En Bougainville toda nuestra esperanza está en Dios. Creemos que él creó nuestra tierra y a nosotros, así nuestras vidas y nuestro futuro están en sus manos”.

Las calles tranquilas y la sombrío procesión contrastan nítidamente con las escenas erigidas ayer en el parque, que es el centro de votación de Buka para el largamente esperado referéndum de independencia de Papua Nueva Guinea.

En las calles los autos hacían sonar sus bocinas mientras multitudes –cantando, bailando, festejando y tocando flautas- seguidos por el presidente de la región John Momis, se dirigieron al puesto de votación para observarlo emitir el primer voto del referendum.

Saliendo del “cuarto claro” (al estar las boletas por las opciones 1 y 2 en un claro de la selva), Momis levantó los brazos y dijo: “Estoy muy feliz de haber logrado empoderar al pueblo de un modo democráticamente apropiado. Es obvio que el pueblo ahora quiere celebrar y me sumo a ellos porque tienen todo el derecho de festejar”.

Esta votación tardó 20 años en realizarse, siendo una promesa realizada al pueblo de Bougainville en un acuerdo de paz alcanzado en 2001, con el cual terminó una brutal década de guerra civil que costó la vida de 200.000 personas y 20.000 exiliados.

En el curso de dos semanas, más de 206.000 bougainvillenses que viven en la región, distribuidos en Papua, Ausralia y las islas Solomon, podrán votar para decidir si Bougainville continúa perteneciendo a Papua NG –con mayor autonomía-, o si opta por crear un estado independiente. El resultado se conocerá a mediados de diciembre y se espera una victoria contundente a favor de la independencia.

Luego de votar Francesca Semoso, diputada vocera del Congreso Autónomo de Bougainville, nos dijo: “Agradezco a Dios lo que está sucediendo. No hemos dormido pero, ¿pensábamos que este día iba a llegar? Estamos haciendo esto por nuestras hijas y nietas”.

Margaret Kila, de Malasang, habló a través de las lágrimas sobre lo significativo que era para ella votar en esta elección. “He sufrido con mi gente. He visto un montón de injusticia durante la crisis… Tengo 65 años y he visto todo. Y esto me hace tan feliz. Gracias, Dios”.

El esfuerzo para llevar a cabo una votación como Esta en Bougainville ha sido “tremendo”, dice Mauricio Claudio, director de la Comisión del Referendum de Bougainville, quien ha de fiscalizar el acto.

Cerca del 90% de la población de Bougainville vive en pueblos y aldeas rurales. La comunicación es un desafío, no hay red de radio o televisión que cubra a toda la población, y sólo unos cien períodicos de Papua NG se traen a diario de la tierra principal. Más de la mitad de esta población es analfabeta. Para difundir información a la gente sobre la votación y el proceso político varios militantes viajaron a través de las islas dialogando con los isleños y comentándoles de qué trata la cosa.

El último acto de la campaña por la independencia antes de la veda se realizó en Arawa, una de las principales ciudades, donde se emplazaba la compañía de cobre Bougainville Copper Limited, que encendió la mecha de la crisis que condujo a la guerra civil. En aquel momento el oro y cobre de Panguna proveía el 45% de las exportaciones papuanas. Pero ha estado inactiva por 30 años como restos limitados de infraestructura, construida por la compañía minera, que se encuentran olvidados y ociosos, con creciente vegetación a su alrededor.

En el medio de Arawa, un grupo teatral juvenil de Rorovana escenifica el proceso de votación, incluyendo el detalle de cómo funciona un “cuarto claro”. Hay un problema con el manejo de las expectativas, especialmente la creencia de que un resultado abultado a favor de la independencia hará que está se consiga de inmediato. En realidad, el resultado del referendum es no-vinculante, y los expertos creen que el parlamento papuense tardará en aprobar la independencia aproximadamente una década.

La cineasta bougainvillense Llane Munau dijo que cuando habló con varias mujeres en distintos pueblos sobre el referendum le decían “¿y eso qué es?”. Por eso, ella produjo un corto llamado Referendum, Em Husait, que explica su alcance e importancia. Antes de despedirse, dice: “El enfoque va a las raíces. La gente está celebrando en las calles porque piensan que ya está. Pero no somos independientes todavía. Nuestra gente necesita comprender esto”.

Por ahora, la gente de Gougainville está optimista. Viajando por la región el apoyo a la independencia es evidente. Edificios, vehículos y barcos están adornados con la bandera azul cobalto de Bougainville. La gente canta al seguro y lindo referendum, y hay varias publicidades de la caja 2, la correspondiente a la independencia. Ahora la libertad de 200.000 personas están en manos de políticos y burócratas de Papua NG.

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