Golpe en Bolivia retrocede 500 años la historia

Si bien el renunciante presidente boliviano Evo Morales Ayma se mandó cagadas catastróficas y errores tácticos de cocalero enceguecido, ello no justifica la cristalización del golpe de estado –constante y perpetuo- que el líder aymara denunció antes, durante y después de las fallidas elecciones donde había ganado la presidencia para un cuarto mandato consecutivo. Los vaivenes durante el conteo y la tramposa invitación a la OEA para que fiscalizara la elección –cuando se sabía que se iba a encargar de gestionar el golpe de estado-, sacó de las casillas a la elite oligárquica santacruceña, cuya violencia racista viene asolando el país desde la llegada de Morales al poder.

No vale la pena describir o caracterizar a los personajes que están al frente del golpe: eso lo han hecho todos los medios de comunicación con tono aprobatorio, viendo cómo inquisidores y energúmenos mafiosos, con la biblia en la mano, ocultan que son lavadores de activos y narcotraficantes auténticos, contratistas de marines para su seguridad personal, mercenarios del imperio yanqui, bah, y así proliferan “autoproclamados” presidentes, absolutamente cachivachescos y esperpénticos, representantes de una élite dominante cruel y obtusa, alienada en su codiciosa carrera de estafas millonarias al Estado…

Sí, los medios ven y aceptan, tiene sentido común que los militares tomen las riendas del país… Bolsonaro se mea del regocijo y Trump aplaude a carcajada limpia, mientras Macri se reúne con magos y líderes místicos para que le expliquen su derrota oprobiosa… Y niega la realización del golpe.

Los policías rebeldes y traidores, envalentonados con la prédica rabiosa de los cruceños y cruzados de toda laya, totalmente kukluxklanescos, agraviaron el símbolo de Wiphala, cortándolo de sus uniformes o bajando la bandera de los mástiles. Y es que tras el golpe Bolivia, que se había liberado de la dominación colonial e imperial, de los golpes de estado que marcaron toda su historia, ha dejado de ser el ecuménico estado plurinacional para ser, a tan solo tres días del golpe, una factoría yanqui.

Por el momento, desde el exilio en México, Evo hace llamados a la paz y la concordia, cuando los saqueos, vejaciones e incendios de las casas de los partidarios del MAS están a la hora del día, y ya se han cobrado varias víctimas fatales, sin mencionar la quema de la hermosa biblioteca del vicepresidente García Linares, en un acto demencial que demuestra la brutalidad y la violencia simbólica de los enajenados cruceños liderados por el macho Camacho, el empleado de la CIA que protagonizó el golpe sin que a ningún boliviano se le caiga un pelo de vergüenza.

Y es que la ofensa y el ultraje al Wiphala va a acarrear sus consecuencias. Por lo pronto, despertó la ira de las comunidades indígenas del país, el alma y la esencia de Bolivia, que desde ahora a la eternidad repudiarán el golpe y lucharán para diluirlo en su propia mierda e inania.

El comandante general de la Policía Yuri Calderón declaró hoy durante un acto en La Paz: “Vamos a hacer un acto de desagravio para que todos los bolivianos se enteren que la Policía Boliviana respeta a todos los símbolos patrios, el Patujú, la Kantuta, el Himno Nacional, el Pabellón Tricolor y la Wiphala’. Si bien algunos policías se percataron de la tramoya racista y yanqui que subyace bajo el golpe al primer presidente indígena del país, héroe nacional y transformador de Bolivia, muchos todavía acatan las órdenes de Camacho o de la autoproclamada presidenta.

Expertos y analistas opinan que el sesgo anti-wiphala de los golpistas los retrata de cuerpo y alma. En la época colonial el símbolo andino fue enarbolado en los levantamientos de Tomás Katari, Tupak Katari, Tupak Amaru y otros líderes indígenas, asimismo, hubo una lucha contra la Wiphala con la llamada extirpación de idolatrías e identidades.

El 7 de julio de 2007 los indígenas celebraron la aprobación y el reconocimiento de la enseña como símbolo de los pueblos indígenas y originarios que debe ondear a la izquierda y junto a la bandera tricolor.

Cada color (rojo, naranja, amarillo, blanco, verde, azul, violeta) de la Wiphala significa algo desde el rojo, que representa todo el mundo material y visible, hasta el violeta, que representa a la política y la ideología social y comunitaria, al Estado, como una instancia superior, la estructura de poder, las organizaciones sociales, económicas y culturales y la administración del pueblo y la nación.

Esta bandera está fuertemente ligada a las comunidades que descienden de los pueblos andinos. Desde un comienzo, la Wiphala, que fue un emblema del pueblo aymara-qhishwa, ahora en la ciudad de El Alto manifestó su ira contra el irrespeto cometido en su contra por los golpistas.

La Wiphala es más que la bandera de la nación andina y de los aymaras. Es la representación de la filosofía andina, simboliza la doctrina del Pachakama (orden Universal), y la Pachamama (Madre Tierra) que forman el espacio, el tiempo, la energía y el planeta, cosas sagradas para la población originaria de Bolivia.

En muchos lugares de Sudamérica se emplea la Wiphala como símbolo de resistencia y reclamo en la lucha por los derechos de los pueblos nativos americanos y, no es de extrañar, que algún Túpac Amaru del siglo XXI retome la senda del Che, o del Diablo Echeverry, para castigar a los golpistas como se lo merecen: cercenándoles sus cabezas por más protegidas que estén por marines yanquis.

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