Fluctuación actual de la guerra en Libia

Los temores de que mercenarios rusos, respaldados por Moscú, estén actuando en Libia a favor del líder Khalifa Haftar han provocado que Estados Unidos lance una fuerte advertencia al general para que retroceda en su avance hacia Trípoli.

Estados Unidos ha sido acusado de desinteresarse de la contienda que comenzó hace ocho meses cuando el ejército nacional de Haftar sitió la capital, provocando un feroz contraataque de las milicias y los señores de la guerra que apoyan al gobierno instaurado por los yanquis y la patota de la OTAN, cuando sembraron el terror en el país para asesinar a Khadafi, ufanarse y reírse de ello sin considerar que el espíritu heroico del líder libio está comenzando a pergeñar su venganza.

Los recientes combates han dejado más de 1.000 civiles muertos, pero las diferencias de criterios en ese rejunte de burócratas millonarios que se hace llamar “la comunidad internacional” ha permitido que la carnicería siga adelante con cada vez menos intervención de la ONU y agencias anexas.

Ahora que corren los rumores del apoyo ruso a Haftar los yanquis creen que perderán la parada como les ocurrió en Siria. Hasta el momento, Haftar recibió apoyo militar de Egipto y los Emiratos Arabes, mientras el gobierno espurio cuenta con la asistencia de Turquía, en lo que es una flagrante violación al embargo de armas que pesa sobre la nación africana, rica en petróleo y dátiles.

Las fuerzas yanquis presentes en Libia se encuentran combatiendo al Estado Islámico, y no disponen de tiempo para involucrarse en una guerra de mayores proporciones, como la que se cierne sobre Trípoli. El Departamento de Estado se reunió con el ministerio del interior del gobierno bancado por la ONU, Fathi Bashagha, quien les explicó que se encuentran al borde del colapso. El comunicado del gobierno trumpista sobre la situación es hipócrita, cínico y belicoso, como cualquiera de sus precedentes. Acusa a Rusia de intromisión mientras ellos tienen hundidas las manos en el fango, habiendo perpetrado los peores crímenes contra la humanidad desde la segunda guerra mundial en adelante.

Esta postura se distingue de su posicionamiento neutral en el conflicto, urgiendo ahora directamente a una de las partes a que frene sus impulsos guerreros. Sin embargo, si hay algo que le faltó a la política exterior estadounidense en la era trumpista fue cohesión y consistencia entre el discurso y la acción en el terreno.

El gobierno espurio, golpista, extranjero de Libia ya lanzó su campaña de fake news y posverdades para desacreditar a Haftar y juzgarlo como criminal de guerra. En el marco de la misma, se sostiene que Rusia quiere aborar los planes eleccionarios de Ghassan Salamé, el enviado de la ONU para reorganizar el país. Al respecto Bashaga, criticando el despliegue de grupos paramilitares rusos, aseveró: “Los rusos llegaron para echar más leña al fuego y empeorar la crisis más que encontrarle una solución. Allí donde van siembran la destrucción. Miren lo que pasó en Siria. Esto no se puede permitir, ¿qué tienen que hacer aquí? ¿Cuál es el objetivo de Haftar? ¿Aniquilarnos a todos? No, no lo vamos a permitir. Por eso nos arrodillamos y preferimos rogarle a Estados Unidos que nos defienda y nos salve la vida.

Tras estas declaraciones el canciller ruso Sergei Lavrov desmintió la presencia de combatientes rusos en Libia. “Es otro disparate más de la fantaseosa prédica antirrusa del imperialismo yanqui”.

Entretanto, la ofensiva de Haftar se ha estancado, aún cuando los bombardeos con drones y F16 aportados por los Emiratos y Egipto continúan. Los objetivos son los aeropuertos e instalaciones gubernamentales del centro de Trípoli. Más de 300.000 personas huyeron de la ciudad desde la arremetida del vengador Haftar, varios para morir ahogados en el Mediterráneo en su sueño de pisar Europa.

 

 

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