Fantasmas

Vine a una cabaña en ruinas en lo alto de una colina, y conmigo estaba una dama marchita tan cansada como yo.

Solía ser nuestro hogar, ¡qué bien lo recuerdo! ¡Oh, aquel feliz hogar nuestro tal vez sea hoy una cáscara vacía!” –dijo ella.

El estrépito de la puerta golpeando en la tormenta nos ensordecía,

el techo que una vez nos mantuvo calientes ahora deja que se filtre la nieve,

el piso hundido en la tierra de abajo, las paredes derrumbadas locamente,

sólo oímos el lamento del viento donde una vez hubo brillo y alegría.

Así estábamos parados, desconsolados bajo la cúpula de la Medianoche,

un anciano minero y su compañera, ante nuestro hogar de casados, donde tuvimos tanto amor y ánimo…

Suspiré, entonces ella dijo suave: “No te arrepientas, recuerda, querido, nosotros también estamos muertos”.
traducción: Hugo Müller

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