El genocidio indígena de Bolsonaro no para

Un indígenea brasileño, defensor de la tierra, fue muerto en una emboscada por oucpantes ilegales en una región amazónica fronteriza. De acuerdo con la declaración de la Asociacion de pueblos indígenas del Brasil, Paulo Paulino Guajajara fue víctíma de un disparo en el territorio indígena de Araribóia, en el estado de Maranhão. Otro hombre de su tribu, Laércio Guajajara, también recibió un disparo y ha sido hospitalizado, reportándose la desaparición de uno de los mercenarios contratados por el presidente para ejecutar el crimen. Aún no se ha recuperado su cuerpo.

Sérgio Moro, el agente de la CIA encaramado como ministro de justicia del gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro –ilegítimo por donde se lo mire- confirmó que la policía federal está investigando el asesinato. “No ahorraremos esfuerzo para traer a los responsables de este serio crimen ante la justicia” –twiteó.

Los indígenas atacados eran miembros de un comando local llamado Guardianes de la Selva, formado en 2012 para protegerse del pillaje y los ataques de los mercenarios (empresarios) bolsonaristas, ansiosos por apoderarse de las ricas reservas forestales de los territorios indígenas. Su trabajo consiste en formar patrullas armadas para destruir los refugios y campamentos de los invasores de la reserva, y les ha deparado una cosecha de numerosos enemigos. En los últimos años varios “guardianes” han sido asesinados, incluidos tres de Araribóia.

De acuerdo con Gilderlan Rodrigues, el coordinador regional del Consejo de Misiones Indígenas de Brasil, los guardianes habían sido amenazados varias veces, y nos comentó: “Su trabajo molestaba a aquellos que quieren quitarles el territorio, los asesinos ingresaron a la reserva sin permiso. Estas acciones criminales deben ser combatidas para que no perdamos más vidas humanas”.

Los 4.130 km2 de la reserva indígena de Araribóia alberga a 5.300 indígenas de las tribus Guajajara y Awá, un grupo aislado descripto como “la tribu más comprometida del mundo”. Concentra la mayor parte de los últimos restos de selva amazónica en Maranhão.

Sarah Shenker, antropóloga e investigadora de una ONG, que conocía al guardián asesinado, la describió como “una isla verde en medio de un mar de deforestación”, y añadió que fue un “crimen cantado”. A principio de este año, Paulino le había advertido a su organismo: “Me enloquece ver esto, la destrucción de la selva. Ellos piensan que pueden venir aquí, a nuestro hogar, ¿y apropiarse de nuestra selva? No, no lo permitiremos. Nosotros no vamos a sus casas y les robamos, ¿o lo hacemos? Mi sangre está hirviendo, estoy tan enojado”.

La reserva está oficialmente protegida por el gobierno brasileño pero ha sido constantemente saqueada por bandas de mercenarios bolsonaristas y ha sido escenario de violentos conflictos en los últimos cinco años. En 2015, Roberto Cabral, un coordinador de operaciones de la Agencia Ambiental brasileña, fue muerto de un disparo. En junio de este año, el líder guardián Olímpio Guajajara, grabó un video pidiendo ayuda al estado brasileño informando que estaban siendo atacados por los mercenarios francotiradores.

“No queremos guerra, queremos resistir. Queremos que las autoridades brasileñas nos ayuden a proteger las vidas amenazadas de los guardianes”. El video fue enviado al gobierno bolsonarista y por el crimen perpetrado ayer parece no haber surtido efecto.

Pocos crímenes cometidos contra indígenas reciben condena en el lpaís, lo que promueve una cultura de absoluta impunidad. De acuerdo con la comisión pastoral brasileña, de las 157 matanzas ocasionadas por la violencia rural en Maranhão entre 1985 y 2017, sólo cinco tuvieron alguna recepción en las cortes de justicia.

Desde el comienzo de este año, cuando asumió Bolsonaro, los observadores advirtieron que los ataques e invasiones a las reservas indígenas aumentaron notablemente, mientras las agencias estatales que los protegen fueron ajustadas e intervenidas. La líder indígena Sonia Bone Guajajara, que es de Araribóia y acutalmente se encuentra en Europa encabezando la campaña “Sangre indígena: ni una gota más”, expresó: “El genocidio indígena de Brasil está legitimado por el discurso del presidente”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *