El camino de la muerte

La muerte del hombre viejo es un mezquino talón que no jugará el juego:

dejen que el cementerio se abra y la muerte aplaste, él se burlará y se apartará.

Pero cuando el cielo llama con frenesí y alegría es como una llama,

entonces la muerte del hombre viejo sonríe maligna, y merodea para asesinar.

Jack Duval era mi compañero elegido en las filas de los hombres intrépidos.

Gruesos como ladrones, solían decir, y tal vez éramos así:

donde el precio de la vida es un cuchillo desnudo y se condenan nueve de diez,

no rinde ser curioso en la Legión Extranjera.
Entonces cuando había una oculta vergüenza, nuestros hocicos estaban bien cerrados,

él jamás me preguntó qué había hecho, y él nunca me lo hubiese contado,

pero aunque como hombres nos divertíamos, cuando era hora de la maldita pelea

sabía que podía apoyarme en él hasta en el centro del infierno.
Todavía cuentan cómo mantuvimos el fuerte en la maldita carnicería,

y en llamas en la confusión hasta que el maldito y fatigado alivio llegó.

El capitán dijo sombrío: “La guarnición está toda muerta”.

Jack tronó: “Denos una pinta de alcohol y diga que dos sobrevivieron”.
Entonces fue el tiempo en que nos perdimos, secos de cantina y carcaza,

mientras nos tambaleábamos con el pensamiento: “Aquí es donde concluye nuestra historia”.
Diez días delirantes en el desierto, cuando negra contra el cielo

vimos una fila de camellos y los árabes eran nuestros amigos.
Y última de todas, la noche espeluznante que chocamos las puertas del infierno,

y tallamos el torrente teutón mientras rugía a cada lado,

y fuimos dejados en sangre y barro para que nos pudramos en el Moselle,

dos legionarios lacerados, que todos suponían muertos.
Tres veces la muerte pensó llevarnos y tres veces detuvo su mano,

pero cuando abandonamos la legión qué par feliz éramos,

entonces vagamos osados por la tierra soleada,

encontré a Jack comiendo bullabesa en el Cannebière.
La semana que viene me caso con la chica más dulce de la tierra” dijo alegremente.

Me pregunto por qué la muerte pasa justo al lado y entonces gira para relamerse.

“¡Oh, soy tan feliz! Debes venir y unirte a nuestra felicidad”…

La muerte golpea, Jack jadeó, se sofocó y murió: una espina de pescado en su garganta.

 

traducción: Hugo Müller

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