Convulsión extrema en Irak

El movimiento de protestas más grande desde la caída de Saddam Hussein continúa reclamando en las calles la renuncia del gobierno, cuestionando a la élite política y la influencia extranjera (principalmente yanqui e iraní). Cuando los simpatizantes del gobierno, liderado por Adil Abdul Mahdi, creían que tenían todo controlado al obtener el respaldo de dos figuras de la oposición, hoy miles de manifestantes se concentraron en la plaza Tahrir para advertir a las autoridades que su paciencia se está agotando y que no intenten más maquinaciones para salvar a un gobierno corrupto y “traidor a la patria”.

“El factor miedo se ha vencido, puedes verlo en los ojos de la gente” nos dijo Ayman Sobhe, un estudiante de filosofía con quien nos comunicamos telefónicamente. En medio de escenas caóticas y combates con las fuerzas de seguridad, para resolver la situación la policía lanzó gases lacrimógenos diez veces más potentes que los utilizados de manera convencional. Paralelamente, la corrupción rampante de los gobernantes y su impunidad lacerante han logrado que la bronca crezca en los ciudadanos sometidos a ajustes y recortes de todo tipo.

Al invadir y joder el país para siempre, los yanquis aplicaron con rigor el principio “divide y reinarás” entre las principales sectas chií, suní y kurda. Los chiíes han predominado en el control de las instituciones estatales y manejan los principales ministerior. Algunas facciones, como las conducidas por el clérigo Muqtadr al-Sadr, se quejan de las condiciones de vida indigna a la que son sometidos los iraquíes con las políticas económicas implementadas por los gobiernos que, desde la invasión yanqui, funcionaron como clanes mafiosos de empresarios inescupulosos.

Por su parte, el ayatollah al-Sistani, on Friday amenazó con años de caos y destrucción si las fuerzas gubernamentales continúan su matanza, que ya contabiliza 250 muertos (la mayoría menores de 20 años) y miles de heridos. En otros términos, la cosa se está poniendo brava en serio, y el escenario regional no se destaca por su paz y tranquilidad. La violencia de los conflictos es cada vez más cruda y horrible, casi tanto como la apropiación del mundo por parte de plutócratas enajenados de poder.

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