Cinco por ciento

Estoy sentado sobre mi culo porque tengo diez mil libras,

y dejo mi tranquilidad viviente para que la gane otra gente.

Porque de algún modo procreativo eso no está muy claro,

diez mil libras criarán a cinco mil cada año, dicen.

Y mientras tengo un saludable odio a la lucha económica,

intento mantener distante de ella el balance de mi vida.

Y aún con simpatía veo al sombrío hijo del esfuerzo,

y de corazón congratulo al cultivador del suelo.

Me gusta el minero en la mina, el marino en el mar,

porque hasta quinientas libras navega y trabaja en la mina para mí.

Para mí su trabajo está tasado a un plazo anual, de acuerdo al sagrado santo y seña del cinco por ciento.
Así obtén diez mil libras, mi amigo, de cualquier modo en que puedas.

Y deja tu bienestar futuro al noble hombre trabajador.

El te comprará trajes de tweed, un auto y un perro,

tus clubs de golf y el Times matutino, tu whisky y cigarro.

El te instalará cómodamente en una cabaña junto a la corriente,

con cada confort moderno, y un jardín que es un sueño,

o si gustas de la vida urbana te proveerá un piso, recluido del clamor del proletariado.

Con cuadros, música, sillas cómodas, una mesa de buen humor,

un tipo puede administrar bien quinientas libras por año.

Y aunque alrededor de las dolorosas señales de la insdustria que ves,

¿por qué deberías trabajar cuando puedes hacer trabajar al dinero para ti?
Entonces me arrodillo y bendigo al hombre trabajador,

que me ofrece una vida holgada a través de toda mi vuelta mortal,

cuyos lomos son magros para hacerme engordar, que esclaviza para mantenerme libre,

que muere antes de su apogeo para dejarme dar la vuelta al siglo,

cuya esposa e hijos trabajan en la urna hasta que se agote su fuerza,

que debo vivir en ociosidad sobre mi cinco por ciento.

Y si a veces ellos me maldicen; ¿por qué debería sentir culpa?
Porque en mi lugar sé que ellos harían exactamente lo mismo.

Sí, aunque icen una bandera que es roja en la tarde del domingo,

sólo ofrézcanles diez mil libras y véanlos cambiar su tono.

Entonces disfrutaré mis dividendos y viviré mi vida con ánimo,
y bendigo a los hombres poderosos que primero inventaron el interés.

 

traducción: Hugo Müller

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