Adiós, pequeña cabaña

Oh, querida pequeña cabaña, te he amado por tanto tiempo,

¡y ahora debo decirte adiós! Te he llenado con risa,

te he estremecido con canción, y a veces hubiese deseado llorar.

Tus paredes han atestiguado una batalla agotadora,

y llamaron a un Waterloo ganado: pero oh, en mi triunfo estoy espantado esta noche,

¡adiós, pequeña cabaña, a ti!

Tu techo está quebradizo, tu piso está inclinado,
tus paredes parecen balancearse y hundirse,

estoy intentando encontrar tus fallas pero no puedo,

¡tú, vieja cosa pobre, cansada y con el corazón roto!

He visto cuando eras el mejor amigo que tenía, tu luz como una gema en la nieve,

eres como una parte de mí, ¡dios!, pero estoy triste,

odio, pequeña cabaña, partir.

Bajo tu ventana quebrada trepan bayas rojas, un nido de avispas cuelga de una viga,

tus rincones están garabateados con adagio y rima, y oscurecidos con tabaco y sueño.

“Cada día tiene su risa” y “no te preocupes, sólo trabaja”.

Aquellos refranes brillan con reproche.

Los viejos calendarios cuelgan, ¡qué recuerdos acechantes sobre ti, mi querida cabaña!

Escucho el llamado del mundo y el estrépito de la batalla,

escucho mi ronco llanto, aún bien sé, mientras te abandono esta noche,

que es la juventud lo que estoy abandonando.

Y a menudo pensaré en ti, vacía y negra, los cuernos de alce clavados sobre tu puerta:

¡Oh, si perezco mi fantasma retornará para habitar en ti, cabaña, una vez más!
¡Qué fría, quieta y solitaria, qué cansada pareces!
Una última mirada anhelante y me iré. ¡Oh, recordarás al muchacho con su sueño!
El muchacho que confortaste tanto. Las sombras te envuelven, está anocheciendo,

la estrella vespertina aguijonea el cielo:

¡Y oh, está apuñalando mi visión, Dios te bendiga, vieja cabaña, adiós!

 

traducción: Hugo Müller

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