Pavoroso fracaso de “ayuda humanitaria internacional” en Haití

Haití, ¡ay de ti!, claman los poetas caribeños enronquecidos. Las miasmas de los zombis y los magos vudú invaden el aire recalentado por los fogonazos de las armas policiales, y los incendios premeditados de los manifestantes, herederos de esclavos –hoy desocupados-, que vienen intentando derrocar gobiernos desde que los yanquis sacaron a Aristide, lográndolo sólo cuando el estado calamitoso del país llega a niveles dramáticos.

Miles de familias vagan de campamentos improvisados a asentamientos oficiales, como el de Corail-Cesslesse, con la expectativa de hallar un colchón piojoso donde acomodarse. La expectativa es sobrevivir consiguiendo comida de la basura desechada en los hoteles, y recorrer las agitadas calles de las principales ciudades buscando un milagro de Dios que le dé sentido a sus vidas miserables y trágicas. Desde el demoledor terremoto de 2010, cientos de organismos y agencias de gobierno de todo el mundo, junto con ONGs tan hipócritas y cínicas como Lenin Moreno –principalmente de los países occidentales, bajo el liderazgo de Estados Unidos- enviaron millones de dólares y se propusieron aliviar las degradantes condiciones de vida de los haitianos, logrando sólo agravar y multiplicar sus padecimientos.

Los haitianos vienen reclamando la inmediata renuncia del presidente-títere, Jovenel Moise, ante la falta absoluta de soluciones a sus problemas más acuciantes. El aporte de miles de millones de dólares para reconstruir el país han quedado en manos de una tan patética como aberrante élite política, que los ha colocado en diferentes cuentas bancarias de “paraísos fiscales”.

Los pregoneros de la “ayuda humanitaria internacional” anunciaron en su momento que se iban a construir escuelas, hospitales, plantas potabilizadoras de agua e infraestructura vial y edilicia para levantar el ánimo de los haitianos y mejorar su situación espantosa. Pero ello no ocurrió, el dinero fue desviado y no se construyó una sola vivienda en 10 años, quedando el 99% de la población a merced de más desastres naturales o de la acometida grupos hambrientos que, ante la apremiante carencia de alimentos, recurren al canibalismo.

Para explicar la falta de recursos Moise dijo que nunca pudieron controlar la asistencia financiera, y que los dólares fueron fugados por “intermediarios”, funcionarios de oficinas de empréstitos.

Reconstruir una nación como Haití, pionera en revueltas populares en la región, es un lío bárbaro. Muchas veces se pretendió “comenzar desde cero” pero no se han logrado avances significativos: los índices de pobreza e indigencia son casi tan estremecedores como los alcanzados por Macri en Argentina, ocurriendo lo mismo con la destrucción de PyMEs, la desocupación, el aumento de la deuda externa y la imbecilización forzada de sus habitantes.

Actualmente, ante el enfado y la desesperación creciente de los haitianos, la mayoría de las ONGs “humanitarias y sensibles” han huido del país, abandonando sus planes de solidaridad y filantropía. El presente es oscuro y desolador, pero el futuro se avizora mucho peor, a medida que la crisis política se agudice, y la policía continúe reprimiendo y matando salvajemente a quienes protestan por su inanición.

La vida en Haití es un sufrimiento insoportable, e incluso aquí la gente anda alienada por la calle consultando sus celulares. Con las ONGs y las misiones de gobiernos preocupados llegó también mucha tecnología dañina para el alma humana. Por su parte, la carencia de materiales para la construcción es total, lo que se constata con las miles de familias que se ven en las principales calles de las ciudades más importantes viviendo a la intemperie. Imágenes pesadillescas se entrometen en la realidad haitiana dándole un pintoresquismo barroco que agrada a los artistas que retratan la pureza de la pobreza. Las almas sublimes quizá puedan pasar momentos inolvidables en Haití, de esos que quedan grabados en el corazón para la eternidad. Lo maravilloso está al alcance de los ojos despiertos, junto a los muertos de hambre que evitan su extinción con comida de porquería. Esto es Haití hoy: el país en permanente estado de emergencia, pre-revolucionario.

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