Eutanasia

Encontré una gaviota con un ala rota entre las algas desparramadas en la orilla.

Se extendió y jadeó, yo suspiré: “¡Pobre cosa! Me temo que tus días de vuelo terminaron,

triste víctima de una escopeta salvaje, así termina tu remontada al sol”.
Sólo quería ser amable, cogí sus patas heladas gentilmente,
pensando que debía atar su fractura, pero fieramente luchó en su temor,
hasta adivinar que no quería hacerle daño,

echó fuego por los ojos boquiabierta, pero se quedó bastante quieta.
La llevé a casa y le di comida. Y cuidé su ala día tras día,

compañeros, por mi solicitud no debería comer pero se arrepintió.

Y entonces al fin con manos tiernas la llevé a sus arenas nativas.

“La llevaré donde están sus parientes” pensé.

“Y tal vez ellos la animen y reconforten”:

observé desde lejos, las ví merodear rápidamente cerca…

Por un rato revolotearon por encima de ella, luego se arrojaron y la apuñalaron hasta matarla.
Cuando el aliento humano agoniza y no hay una chance de vida,

¿no podría ser que la muerte gentil signifique una salvación divina?,
¿no debería filtrarse en nuestros esqueletos para ser tan misericordiosa como las gaviotas?

 

traducción: Hugo Müller

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