Día de armisticio (1953)

No se burlen de que celebramos el día de armisticio,

aunque hayan pasado treinta años de lamentable destino.

Aunque todavía sostengamos la sagrada llama, y vuela la bandera,

aquella segunda guerra mundial se reveló un harapo con dolor y vergüenza.

Porque Francia hoy no puede defender su tierra nativa,

y está lejos de enorgullecerse de orar por una mano que ayude.
Sí, aunque se pare en medio de la libertad, enamorada de la vida,

nunca más su suelo será un follón en la contienda de la guerra mundial.

Aún nosotros, que tendemos a que la inmortal llama de Verdún hable,

es en nuestra gloria y nuestra vergüenza, porque somos débiles.
Tenemos demasiada sangre y plagas par los que responder…

No, Francia jamás, ¡nunca más combatirá en otra guerra!

 

traducción: Hugo Müller

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