Contraste

El dijo: “¿Llevo su valija, señor?”
Yo giré para ocultar una sonrisa, porque él era bastante más petiso que yo y lamentablemente flaco.

Yo podría ser dos como él, entonces mantuve mi carga con firmeza,

pero su tenacidad era sombría: “Por favor, déjeme ayudarlo, señor” rogó.

No podía deshacerme del tipo, así que dejé que cargara mi valija,

él se tambaleó con una tos desgarradora que no le dio paz alguna.

Se rezagó tan flojamente en mi estela que le hice poner la carga abajo diciendo:

“Tomaré un taxi”, y sombríamente le dí media corona.

¡Pobre diablo! Estoy seguro que no había comido nada aquel día,

sus ojos estaban tan hambrientos de contento, aunque sus labios estaban grises como ceniza.

Se desvaneció en la multitud indiferente, entonces cuando ya no lo tuve alrededor,

arrastré mi valija y pensé en alto: “Tendría que haberle dado una libra”.
Y extrañamente me sentí dolidamente avergonzado,

como si de algún modo hubiese perdido el rostro,

y no sólo me acusaba a mí sino a toda la maldita raza humana,

y toda esta vida de batalla donde los pobres son doblegados y subyugados,

y mientras el débil soporta la carga, gordos locos como yo pueden pasear a placer.

 

traducción: Hugo Müller

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