Carcelero gentil

Siempre supuse que para ser un carcelero hay que ser un tipo duro,

jamás los muros de la prisión encerraron un alma más amable que la mía:

pasando mis preciadas cargas de píldoras para acabar con sus males.

Y si mueren en gentil sueño, y pasan a una paz placentera

nadie sospecha de que soy yo quien los liberó:
no importa lo que piense el doctor, el guardia guiña el ojo.
Una condena perpetua es un destino espantoso, me exprime el corazón.
¡Y qué ahorro para el Estado debe ser una muerte súbita!
Los sentenciados deberían tener el derecho a concluir sus vidas.
Y así ellos toman mi droga y le dicen adiós al dolor,

y duermen, y jamás, jamás se despertarán para el infierno viviente nuevamente:
Oh, llámenme maldito o bendito, yo les doy descanso.

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *