Bastarda

Los mismos cielos estaban negros de vergüenza mientras se aproximaba mi momento,

la misma hora antes de que vinieras sentía que te odiaba.
Pero ahora veo cuán hermoso eres, qué divinos tus ojos,

parece que me paro sobre una estrella para saltar al paraíso.
Qué me importa quién fue tu padre: (es mejor no saberlo),

eres mía, y sólo mía porque te amo, y te amo tanto.
Que aunque sólo cargues mi nombre sostengo mi cabeza en alto,

porque nadie tiene derecho a reclamarte excepto yo.
Porque he llevado una vida humana, tengo más mérito, lo sé,

que aquellas que alardean el nombre de esposa, y no tienen semilla para mostrar.
He completado, pienso con alegría, mi destino de mujer,

y estoy contenta de que eres un muchacho, porque lucharás por mí.
Y tal vez llegue un día que tendrás un nombre famoso,

y los hombres se avergonzarán de decir: “él fue un niño de la vergüenza”.
Amanecerá un día, divinamente libre, con amor en cada pecho,

cuando cada niño será bienvenido, y cada madre bendecida.
Cuando cada mujer, casada o no, estime que su mayor bien
a la agradecida humanidad es dedicarse al don de la maternidad.
traducción: Hugo Müller

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