Adiós al verso

En mi juventud, cuando a menudo mi musa estaba lerda,

mi fantasía casi muerta, para que venga mi inspiración tenía que pararme sobre mi cabeza,

y así dejaba mi sangre fluir hacia abajo, a mi cerebelo,

y publicaba cada primavera delgados tomos en pergamino.

 

¡Compañeros! Soy reumático ahora, gris es mi corona,

ya no me puedo parar cabeza abajo con el semblante melancólico.

Me temo que en tal pose estallaría el vaso sanguíneo de mi cerebro,

y eso sería un lamentable cierre a mi lucha con las rimas.

Si para escribir versos debo invertirme me temo que estoy bloqueado,

debo sumergir en tinta de prosa una pluma sin rima.
Ya no más azotar la lira lírica como Keats o Browning,

debo inspirarme en el Fuego Sagrado de mi cabeza abajo.

 

traducción: Hugo Müller

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