Zumbi y la resistencia quilombera a Bolsonaro

El escenario es un risco bordeado de palmeras en los llanos de Alagoas en el nordeste de Brasil. Sólo unas pocas cabañas con techo de paja y un muro de estacas de madera permanecen en la cumbre, aunque ésta fue una vez la capital de Quilombo dos Palmares –una poderosa, desmadejada nación de africanos que escaparon de la esclavitud y cuyos descendientes se mantuvieron aquí en la selva brasileña por 100 años.

Su población fue de al menos 11.000 habitantes -mayor que la de Rio de Janeiro en aquel entonces- a través de docenas de pueblos con líderes electos y una cultura y lengua híbridas. Palmares se alió con los indígenas, comerciaron por pólvora, lanzaron raids de guerrilla en las plantaciones de caña costeras para liberar a los cautivos y soportaron más de 20 asaltos antes de claudicar ante los cañones portugueses en  1695.

En el histórico sitio de Serra da Barriga el guía local Thais “Dandara” Thaty dijo “Cientos se arrojaron a la muerte antes de rendirse”. En su relato, ella incluye entre los muertos a los Dandara –de quienes tomó su nombre adoptivo-, una capitana de una banda de amazonas cuyo esposo Zumbi es similarmente venerado en un mito como un intrépido comandante de Palmares.

Cerca de 5 millones de esclavos africanos fueron traídos a Brasil a través del Atlántico entre 1501 y 1888. Varios escaparon para formar los quilombos, o comunidades libres. Tres siglos después, la notable saga de Palmares está siendo rescatada una vez más como un símbolo de resistencia contra el presidente de derecha de Brasil y el pertinaz racismo del país hacia la mayoría negra y mestiza.

Un par de documentales de Netflix retrataron el legado de Palmares en los últimos años. Uno trataba sobre la escuela de samba Mangueira y su desfile victorioso de Carnaval, donde se destacaba a Dandara en la alineación de famosos héroes negros e indígenas. El mes pasado el senado brasileño votó por inscribir a Dandara en el Libro de los Héroes, en el Panteón de los Padres de la Patria, un inmenso cenotafio modernista de Brasilia.

Angola Janga, una novela gráfica que cuenta el apogeo y caída de Palmares ganó una serie de premios. “Mucha gente quiere una visión alternativa, intenta escapar de la visión única, unidimensional, de nuestra historia impuesta por las élites portuguesa y brasileña” –dijo el autor Marcelo D’Salete, cuyo libro de investigación, incluidos sus mapas y líneas de tiempo, con conmovedoras ilustraciones monocromáticas, ha sido ampliamente utilizado en los salones de clase.

 “En general los Quilombos eran muy grandes” dijo Ana Carolina Lourenço, una socióloga que asesora sobre el cine documental de Palmares. Los jóvenes afro han acuñado un términos –agrega ella-, quilombar, que significa encontrarse para debatir sobre política o simplemente celebrar la música, la cultura y la identidad negra.

Esta renovación del movimiento quilombero coincide con el brusco giro a la derecha en la política brasileña. Bolsonaro ha negado que los esclavistas portugueses hicieron pie en Africa, y ha envilecido a los 3.000 quilombos desperdigados hoy a través de todo Brasil, manifestando que son comunidades pobres y marginales de afrobrasileños, descriptos como esclavos fugitivos, calificando a sus residentes “ni siquiera aptos para la procreación”.

El presidente busca erosionar los derechos de propiedad de los quilombos, y cedérselos a sus amigos del agronegocio. Las matanzas de afrobrasileños también se han incrementado significativamente en Rio de Janeiro y São Paulo azuzadas por la arenga bolsonarista.

Las abundantes imágenes de guardias de supermercados azotando y estrangulando a adolescentes negros atrapados, acusados de robar, remedan los tiempos de la esclavitud. “Durante siglos los escritores retrataron a los palmarianos como negros fugitivos que se rebelaban contra la corona” –dijo Geraldo de Majella, historiador de Alagoas,

Fue sólo a mediados del siglo XX que se comenzó a reconstruir su historia a través de los archivos portugueses, con frecuencia en términos marxistas. Mientras tanto, los movimientos militantes negros tomaron la bandera de Palmares como un movimiento de liberación nacional. De Majella explicó que durante la dictadura militar de 1964-85, la Vanguardia Revolucionaria Armada contaba entre sus filas a la ex presidenta  Dilma Rousseff.

Lula, apoyó el reconocimiento de los derechos de los quilombos de Palmares. El 20 de noviembre –fecha que rememora el asesinato del líder Palmario- fue oficialmente adoptado como el Día Nacional de Zumbi y la Conciencia Negra en 2003.  El mismo año las escuelas públicas fueron legalmente instadas a enseñar la historia afro-brasileña.

Pero la limitada evidencia arqueológica y la ausencia de fuentes de Palmares han alentado interpretaciones libres. Actualmente, basados en la histórica presencia de trabajos metalmecánicos avanzados en el lugar, algunos la comparan con Wakanda, la utopía afrofuturista de los Panteras Negras de Marvel, de alta tecnología.

Aunque la inclusión de Dandara –cuya primera mención escrita aparece en una novela de 1962- en el Panteón ha dividido las opiniones. “Yo defiendo absolutamente la libertad creativa en el modo en que la gente mira nuestra historia. Pero necesitamos tener cuidado en diferenciar lo real de la ficción” –dijo D’Salete.

Fernando Holiday, un youtuber afrobrasileño y activista conservador, advierte que la sociedad de Palmares tuvo elementos monárquicos y mantuvo cautivos. “Lamento defraudar a los líderes negros izquierdistas, pero hoy estamos conmemorando una farsa. Zumbi no fue un héroe de la abolición” dijo Holiday en un video.

D’Salete explicó que Palmares y otros ejemplos de revueltas y resistencia son importantes como otros modos de comprender nuestra historia. “Así la gente puede imaginar y construir otro tipo de sociedad, que es muy diferente a la que tenemos basada en la violencia y la opresión”.

Aquel legado de violencia es aparente en Tiningu, un remoto quilombo del estado de Pará. Amenazada por rancheros y terratenientes armados por Bolsonaro que han deforestado la selva que los rodeaba, la comunidad ha batallado para recibir reconocimiento legal. Un residente fue asesinado por un granjero sojero rival la mañana de la elección del presidente. Palmares no es meramente historia sino una fuente de esperanza.

La maestra local Joanice Mata de Oliveira, cuya escuela está embadurnada con nombres de naciones africanas, nos despide: “Zumbi fue el comienzo de todo. El fue quien comenzó nuestra lucha”.

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