Los ochenta adentro

En la alegre, brillante mañana adoro salir a caminar,

y ¡oh, qué gente dulce encuentro en mi camino!
Los saludo con alegría porque amo conversar aunque no tenga algo importante que decir.

Saludo a las abuelitas cuyas agujas están tejiendo,

observo a los pequeñines disfrutar con sus juegos,

cuando el cielo está soleado no negarán que la mañana es la parte más bonita del día.

Con pelo que es plata la mirada debería ser sonriente,

y los labios veteranos seguramente son sabios,

y así voy contento con gentil seducción, apostando por el ánimo en el brillo de sus ojos.

Contemplo las viñas y las flores con amor, escucho con alegría al tordo en el aerosol,

y así con una canción en mi corazón estoy probando que la vida es más hermosa cada día.
Porque pienso que la vejez es el frenesí de la vida,

y aunque tenga varios cumpleaños que festejar,

de todos los días deliciosos que Dios provee, el mejor del puñado son mis ochenta.

Entonces me iré alegre en el rayo de la mañana, otra década, ¡oh, no tengo duda!
Adorando el mundo con el amable adorno del Señor,

y canto a la gloria de los noventa afuera.

 

traducción: Hugo Müller

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