Dioses en la alcantarilla

Soñé que veía tres semidioses sentados en un café,

y uno estaba comido con el vicio y la úlcera en aquello.

El primero habló de pecados secretos, y gemas y perfumes raros,

y gatos de terciopelo y cortesanos voluptuosamente bellos:

“¿Quién es el sibarita?” pregunté. Ellos contestaron: “Baudelaire”.
El segundo habló de tapicería, seducido por la fantasía, tan frágil como burbujas,

duro como gemas, acumuló sus espectáculos,

“Este Señor del Lenguaje, ¿quién es?” Ellos susurraron “Oscar Wilde”.
El tercero estaba contemplando su vaso desde un dolor abismal,

sus ojos amargados con lágrimas bajo su bulboso cerebro.

“¿Quién es el desgraciado embebido?” dije. Ellos me dijeron: “Paul Verlaine”.

Oh, Wilde, Verlaine y Baudelaire, sus labios estaban húmedos con vino,

¡oh, pretencioso, chulo y libertino! ¡Oh cínico,  borrachín y canalla!
¡Oh, devotos del vicio de terciopelo…! ¡Oh, dioses de luz divina!
Oh, Baudelaire, Verlaine y Wilde, ellos conocieron las profundidaddes de la vergüenza,

sus alas aspirantes al sol se calcinaron ante las llamas del altar de la pasión,

¡Aún sí!, entronizados, celestiales permanecen, inmortales Hijos de la Fama.
Soñé que veía tres semidioses que caminaban con pies de arcilla,

con crueles cruces a sus espaldas, a lo largo del camino fangoso,

que trepaban y trepaban la amarga pendiente ante la cual los hombres giran y rezan.
traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *