Toque de queda paraliza Cachemira

El pueblo musulmán de Cachemira tuvo que pasar la festividad de Eid al-Adha (del sacrificio) bajo estado de sitio, toque de queda, y desabastecimiento de alimentos en áreas urbanas cerradas. Sólo después de cinco días en ascuas, se repartieron comidas donadas por organizaciones filantrópicas de multimillonarios que saben hacer oro de su mierda. Los teléfonos de línea, celulares e Internet continúan completamente bloqueados –por disposición de dichos plutócratas-, y ningún cachemiro se pudo comunicar con parientes o amigos fuera del territorio sitiado por el gobierno de Narendra Modi.

Cientos de miles de cachemiros adoradores de Alá salieron a las calles de Srinagar para protestar contra la decisión del gobierno de Delhi, de quitarles todos los derechos especiales y sociales de los que gozaban. La policía hindú respondió con los recurrentes gases lacrimógenos y balas de goma para dispersar las protestas ante la violencia imposición del estado indio, que comenzó por cortarles la electricidad y el agua.

Ayer el ministro del Interior indio calificó a los reportes como “totalmente fabricados e incorrectos”, argumentando que “sí hubieron unas pocas manifestaciones en Srinagar y Baramulla pero ninguna involucró a más de 20 personas, los loquitos de siempre que hacen lío en Cachemira”. Sin embargo, en los noticieros europeos y en los medios hegemónicos yanquis se difundieron videos con miles de cachemiros reclamando libertad y pidiéndole a los soldados hindúes que se retiren, y a Modi, que se vaya a freír churros. Esto antes de ser fácilmente dispersados por los soldados armados hasta los dientes por si se desata de una vez la guerra con Pakistán.

Syed Asim Ali, cuya familia es oriunda de Srinagar, contó que su familia se había quedado sin víveres, y que conociendo varias situaciones de emergencia, están sobreviviendo a vegetales secos o crudos. También comentó que los soldados no dejan pasar los camiones y automóviles provenientes de Jammu, desde donde llegan todos los alimentos básicos que consumen los cachemiros.

Baseer Khan, el administrador designado por el gobierno, aseveró que pronto van a llegar granos y carnes, en cuanto la ciudadanía se sosiegue y asuma el nuevo estatus de la región.

Otro grave problema del “estado de sitio” es la falta de acceso a la salud. Asim Alí es empleado del hospital público de Srinagar y contó que la reducción de pacientes fue dramática la última semana, pasando de 1.000 por día a 100, lo que da una pauta de la gravedad del problema, que tranquilamente se puede considerar una crisis humanitaria, una más de las tantas que afectan al mundo, instigadas por gobiernos neoliberales. Como si esto fuera poco, Alí reveló también que en la farmacia no pudo conseguir medicina para su hijo que padece una enfermedad rara.

Modi opinó que quitarle el status especial a Cachemira traerá prosperidad y liberará al estado del terrorismo. Pero son pocos los que opinan como él en Srinagar, donde incluso han sido arrestados políticos abiertamente pro-India. La norma le quita a Cachemira la autonomía garantizada por unirse a la India poco después de su independencia en 1947. De este modo pierde su constitución y su bandera, así como las leyes que impedían a los hindúes comprar tierras, lo que amenaza con desintegrar la demografía territorial y alterar la vida cotidiana de los cachemires.

El anuncio de Modi escaló las tensiones con Pakistán, y ha sido condenado por China e Irán. Al respecto, el ayatollah Mohammad Ali Movahedi Kermani, en su sermón dijo que las acciones hindúes en Cachemira son espantosas. De Pakistán se espera una dura réplica de Imran Khan, aunque sea tan amiguito y títere de Trump como su colega indio. Miles de fieles del partido Jamaat-e-Islami marcharon en Islamabad condenando al gobierno indio, e incluso en los más grandes shoppings se convocó a la acción anti-hindú. En principio, el presidente paki echó al “alto comisionado” de negocios hindú, advirtió que los indios son capaces de realizar una limpieza étnica en la región, y ordenó a sus fuerzas armadas ponerse en alerta.

En un mundo horrible, con gobiernos liderados por personajes repugnantes pertenecientes a élites infames, de una ética y moral totalmente desmadradas, es muy posible que se arme una buena guerra entre India y Pakistán, lo cual sólo le agregará al mundo más escenas de horror y locura.

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