Sevilla

Mis padres pasaron su luna de miel en un junio andaluz,

y aunque producido en Drury Lane debí ser concebido en España.

Ahora, habiendo sido despedido del buen estado, un puesto ambulante es mi triste destino,

aún en mi carretilla, ¡sí!, gira la dorada cosecha de Sevilla.
“¡Dulces naranjas españolas!” grito.
¡Ah! La gente no estima mientras las compra que en un sueño rasgué una guitarra acústica junto al Alcázar,

y en la Miralda encontré una dulce señorita,

y paseamos bajo la luna plateada como Pa y Ma aquel mágico junio.
¡No va a faltar el día!, me temo que jamás contemplaré el dorado Guadalquivir;
aún aquí en Brixton cómo siento a Sevilla mi hogar espiritual,

y conservo la esperanza que algún día visitaré allí, aunque sea para morir,

sintiendo que no he vivido en vano para coronar mis días en la soleada España.

 

traducción: Hugo Müller

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