Ruinas

Las ruinas en Roma salen cuatro por un centavo, y aquí a lo largo de la vía Apia

he visto los monumentos de varios estimados todopoderosos en sus días…

O así él me lo hace entender, mi simplista guía del autobus de goma,

y me dice con un gran gesto: “¡Mire, la tumba de Rómulo!”.
Hacia donde contemplo con ojos de temor, y aún yo estaba un poco consternado

cuando en su muro desmoronado vi una ropa colgada para secar,

sí, aquella reliquia de lenta decadencia, con peristilo y friso retorcido,

adornada con un diseño chiflado de bifurcación y camisa.
Pero mientras avanzamos nuestro camino hacia el sur pronto vi otra ruina,

ninguna torre antigua, demacrada y gris, sino una finca moderna con escombros desnudos,

y en su alféizar sentada una doncella, y me dijo en un tono de lamento:

“Fueron sus bombas aliadas las que hicieron aquello… Pero no piense que lo estamos acusando”.

Yo pensé: El tiempo es más generoso que nosotros, que manchamos la belleza con una explosión,

y en verdad era triste ver una graciosa mansión venida abajo…

Mientras las molduras de la antigua Roma aún sirven a los campensinos para sus cerdos,
no hemos dejado un adorable hogar, un muro para colgar un tendedero.

 

traducción: Hugo Müller

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