Risa

Me río de la vida: sus aventuras me dieron juegos divertidos,

donde sólo los tontos se toman a sí mismos con solemne objetivo.

Me río de la pompa y vanidad, de los ricos, rango y orgullo,

de la inanidad social, las bravuconadas, presunción y apariencia.

De los poetas, pasteleros y reyes, de la gente sublime y pequeña,

que hacen aspavientos de miles de cosas que nada importan,

de aquelllos que sueñan con nombre y fama, aquellos que proyectan el vil metal…

pero lo mejor de todo el juego de la risa, es reírme de mí.

Algún poeta ha etiquetado al hombre como el trabajo más noble de Dios:

me veo un charlatán, un impostor y un fraude.

Sí, a pesar del espectáculo e ingenio superficial, una baba sentimental,

me sé un hipócrita, un cobarde y un tonto.

Y aunque me patee con alegría profundamente en los pantalones,

soy un poco peor, me parece, que otras hormigas humanas.
Porque si sondeas tu mente privada, impenetrable a la vergüenza,

oh, gentil lector, tú encontrarás que eres bastante igual a mí.

Entonces dejemos con anciana alegría reírnos de este cómico, cósmico plan,

las estrellas se están riendo de la tierra, la mayor broma de Dios es el hombre.

Porque la risa es un escudo brillante, y desprecio a una lanza esplendente,

así ríamos con toda nuestra fuerza de la locura, el fraude y el temor.
Aún en nuestros penosos seres será gastada nuestra más sardónica risa.

Oh, no paguen a la vida un cumplido que será tomado seriamente.
Porque aquel que puede despreciarse, será cirujano hasta el hueso,

tal vez gane mérito a los ojos de otros, y sabiduría en sí mismo.

 

traducción: Hugo Müller

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