Renacen las FARC, ¡ahora sí no es joda!

Dos ex comandantes de las FARC anunciaron que retoman la lucha armada, a tres años de la firma del acuerdo de paz con el que se intentó cerrar el secular conflicto político y social colombiano. La verdad es que el acuerdo de paz no sólo fue rechazado en un referéndum por la mayoría de la población, sino que en la práctica resultó en una farsa absoluta, toda vez que el estado se dedicó a masacrar y exterminar líderes indígenas, ambientalistas y de derechos humanos, además de ex guerrilleros desmovilizados y desarmados.

Los hombres conocidos por sus “nombres de guerra” Iván Márquez y Jesús Santrich, publicaron un video en YouTube el jueves por la mañana en el que acusaron al presidente Duque y su gobierno de incumplir los términos de un tortuoso acuerdo que demandó más de cuatro años de conversaciones en Cuba.

Vestido de fajina militar y flanqueado por combatientes armados, Márquez dijo: “Esta es la continuación de la lucha rebelde en respuesta a la traición del estado a los acuerdos de paz de La Habana. Nunca fuimos derrotados ideológicamente, así que la lucha continúa”.

En el conflicto colombiano se mezclan ingredientes tóxicos, ya que abundan grupos mercenarios de narco-paramilitares que hacen todos los trabajos sucios para el Estado. Asistido por Santrich, Márquez lideró el equipo de negociadores de las FARC. Ahora su compañero es buscado por Interpol, y era intención de Duque extraditarlo a Estados Unidos donde la DEA le armó una causa por tráfico de cocaína.

Para la oligarquía colombiana siempre fue inaceptable darles bancas en el Congreso a guerrilleros izquierdistas. Además, suavizar las penas de criminales salvajes de la policía y las fuerzas de seguridad del estado habilita la perpetuación de metodologías siniestras inculcadas por torturadores israelíes y de la CIA. La paz prometida entre sones y jolgorio jamás se materializó en las zonas rurales.

Muchos disidentes como El Guacho, ya muerto y vengado por las fuerzas occidentales del bien, se dedicaron a tropelías y correrías demenciales que bastardearon su pertenencia a las FARC, a la fuerza gloriosa de Jorge Eliécer Gaitán. De acuerdo con la organización Indepaz, encargada de velar por el cumplimiento de los acuerdos habaneros, reportó que más de 620 activistas han sido asesinados por supuestas fuerzas parapoliciales y paramilitares que responden a las órdenes de Duque, a lo que hay que sumar 150 ex FARC y 9 el sábado, dos días después del anuncio de Márquez.

Por su parte Rodrigo Londoño, más conocido como Timochenko, aclaró que las FARC continúan siendo un partido político legal, y que honrará los acuerdos. Mientras tanto, el gobierno retacea fondos al mecanismo de justicia transicional instrumentado para dar respuesta a los crímenes terroristas cometidos por el estado con una frecuencia y persistencia alarmantes.

Como hombre de Uribe, Duque implementó políticas similares, y sólo le importa desplazar a los rebeldes, a los indígenas y campesinos para acaparar el comercio de drogas y armas en todo el país, desdeñando los daños colaterales ocasionados a civiles muy al estilo yanqui. Con el cinismo y cretinismo propio de los de su especie, declaró que los rebeldes no conforman una nueva fuerza guerrillera sino que son una banda de narcoterroristas forajidos protegidos por Nicolás Maduro. Y se atrevió: “No caigamos en la trampa de quienes intentan ocultar su estructura criminal con falsas consignas ideológicas”.

El que se puso contento con la decisión del binomio guerrero fue el Comandante Uriel, líderl del ELN, que tuiteó “Mejor tarde que nunca. Por fin se dieron cuenta del carácter traidor de Santos y Duque. Además no van a usar dinero en negro para financiarse…”. De hecho, el ELN creció ante la deserción de las FARC, y se está haciendo fuerte en la frontera con Venezuela, para ayudar a los bolivarianos el día que Duque ose atacar a sus molestos vecinos.

Los seguidores de Timochenko están contentos con sus puestos en el senado, y no quieren volver a las armas. Han formado nuevas familias y están cómodos en sus viviendas bogotanas. La lección para los colombianos es que la paz no es una cosa fácil de conseguir, ahora saben que con firmar papeles y vestirse todos de blanco no alcanza. Que la paz, para lograrla, requiere una guerra sin cuartel y sin fin, como la que Colombia, llevada de las narices por Estados Unidos, le está haciendo a Venezuela. La guerra interna, la de capturar enseguida a Santrich y Márquez, y exhibir sus cabezas decapitadas en la fachada de la Casa de Nariño, ya ha comenzado.

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