Mi perro

Fue en un pub cerca de la playa cuando estaba en mis copas,

pasó un tipo que llevaba en su mano dos mascotas pequeñas gimoteando,

y con un salto una estaba sobre mí buscando lamer mi rostro,

y entonces la compré por una libra y la llevé a mi lugar.

Poseo tres acres junto a la orilla, una cabaña, una pinta de madera,
y allí por quince años él compartió mi soledad.

Era su propio, su único mundo, y cuando pasamos de caza,

cada noche se enroscaba junto a mi cama.
Y dormía en absoluto contento.

 

Mi perro está muerto. No importa cuán solo esté, jamás volveré a tener otro,

porque con su adoración magistral era más cercano que un hermano.

Mis pies son frágiles y soy viejo, aún cómo mi corazón puede entristecerse

de mascotas luchando en una correa corta y retenidas en la ciudad.
Arriba de todo el pensamiento de uno mismo, y purgado de la emoción sexual,

no conozco otra forma de vivir el amor tan profundo como la devoción de los perros.

No tengo esperanza alguna en el cielo, he vivido en pecado y esfuerzo,

¡pero gracias a Dios!, al menos le he dado a un perro una vida feliz.
traducción: Hugo Müller

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