La alegría de ser pobre

I
Deja que otros canten al oro y al aparejo, la alegría de ser rico,

pero oh, los días cuando fui pobre, ¡un vagabundo en una zanja!

Cuando cada amanecer era como una gema, tan radiante y raro,

y yo sólo tenía un solo abrigo, y ningún cuidado,

cuando festejaría bien como un rey la panceta, el pan y cerveza,

y hundido en una pila de heno y dormitando como cualquier compañero,

cuando lavaría junto a un arroyo mi solitaria remera,

y aunque se secaba sobre mi espalda jamás me dolía,

cuando retozaba por el camino despreciando la preocupación,

y golpeaba a la espalda de la Aventura, ¡por Dios!, éramos un par,

cuando, aunque a mis bolsillos les faltara una moneda, y aunque mi abrigo era viejo,

la grandeza de las estrellas era mía, y todo el atardecer dorado,
cuando el tiempo sólo estaba hecho para los locos, y era libre como el aire,

y duro golpeaba y duro vivía bajo el cielo abierto,

cuando todos los caminos eran uno para mí, y cada uno tenía su seducción…

¡Ustedes, dioses!, aquellos fueron los días felices, los días cuando era pobre.

II
O de otro modo, nuevamente, viejo compañero mío, recuerdas los tiempos

cuando luchabas con tus historietas, yo luchaba con mis rimas,

oh, éramos felices, ¿o no? Solíamos vivir tan elevados

(un poco de techo roto entre nosotros y el cielo),

sobre la forja del arte trabajamos con martillo y tenazas,

tú me contaste todas tus historias murmuradas, yo te canté mis canciones.

Nuestros sombreros estaban raídos, nuestras chaquetas emparchadas, nuestras botas caídas en el talón,

pero oh, éramos los hombres felices, aunque nos faltaba una comida.

Y si vendía un poco de rima, o si ubicabas una historia,

¡qué fiestas nos hacíamos de solomillos, tartas de manzana y cerveza!
Y aún cuán a menudo cenaríamos tan alegres como te complacía,

junto a nuestro pequeño fuego amigable en café, pan y queso.

Vivíamos sobre el borde raído, y la comida nunca era segura pero oh,

aquellos fueron los días felices, los días cuando éramos pobres.
III
¡Compañero! Hombre viejo, somos ricos ahora, es triste más allá de toda duda,

no podemos esquivar la prosperidad, el éxito nos ha encontrado.

Tus ojos están muy aburridos y tristes, mi semblante arrugado con inquietud,

nos dimos cuenta lo duro que es ser un millonario.

La carga es pesada en nuestras espaldas, tú estás pensando en tus rentas,

yo preocupándome si invertiré en cinco o seis por ciento.

Tenemos limusinas, y salas de mármol, y un montón de lacayos,

jugamos nuestra parte… pero dime, viejo amigo, oh, ¿no es una pesadez?

Trabajamos como esclavos, comemos demasiado, nos ponemos vestidos de noche,

tenemos todo lo que un hombre puede desear, pienso… excepto felicidad.
Ven, huyamos, viejo compañero, olvida que somos ricos,

y ganemos un honesto apetito, y rasquemos una picazón honesta.
Seamos dos alegres escritorzuelos, a siete pisos por escalera,

y usemos ropas viejas, y sólo simulemos que no somos millonarios,

y preguntémosnos cómo pagaremos el alquiler, y escribamos resma sobre resma,

y comamos salsas y tés, y vamos a reírnos, haraganear y soñar.
Y cuando estemos cansados de aquello, mi amigo, oh, vendrás conmigo,

y buscaremos los caminos iluminados por el sol junto al mar.

Conoceremos la alegría que el gitano conoce, la libertad que nada arruina,

las puertas doradas del amanecer, la acuñación de las estrellas.

Fumaremos nuestras pipas y observaremos el potaje, y bailaremos al deseo del corazón,

treparemos la colina y vadearemos el arroyo y acamparemos sobre el páramo…

Viejo amigo, apurémosnos, estoy loco por saborear la alegría de ser pobre.

 

traducción: Hugo Müller

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