Genocidio infantil en Mali

La cantidad de niños muertos en Mali en los primeros seis meses del año duplican los muertos en todo el 2018, de acuerdo con la UNICEF, siempre presente y metida hasta las narices en países con agudas crisis humanitarias.

Los ataques intercomunales (o interétnicos) son la principal causa del precipitado ascenso de los niños asesinados y mutilados en el país del Sahel, concentrándose la mayoría de los ataques en la región central de Mopti. Más de 200 menores de 20 años fueron muertos y otros tantos heridos en los violentos ataques, en el marco de un conflicto que Francia ha acicateado con el envío de tropas que no logran controlar a las milicias malienses, sobre todo a las de religión mahometana.

La situación en las aldeas de la región es espantosa, y se asemeja bastante a la serie “The Walking Dead”, según reportes de funcionarios alojados en el Sheraton de Bamako. Los vecinos de los aledaños de Mopti se han visto atrapados en muchas ocasiones entre el fuego de las milicias, bandas armadas de narcotraficantes y patrullas de militares franceses o yanquis. No saben en qué manos es peor caer. Las organizaciones que protegen los derechos humanos aseguran que se están perpetrando crímenes aberrantes, vejaciones sádicas, contrabando de seres humanos.

Ismail, un joven de 12 años de una familia nómade de Níger que encontramos en una oficina de UNICEF, nos contó que mientras estaba empacando con su hermano para buscar tierra y agua a zonas más tranquilas de la frontera, tal como acostumbran a hacer sus ancestros, aparecieron unos bandidos que comenzaron a balearlos. “Escuchamos un helicóptero sobre nuestra cabeza y nos espantamos. Entonces abrieron fuego. Yo enceguecí, no recuerdo qué ocurrió. Sólo a ellos disparándonos a nosotros y a nuestros animales (incluida la oveja y el chancho)”.

A él le amputaron una pierna, y luego se lo llevaron a un cuartel para interrogarlo. En la refriega perdieron a todos sus animales (que eran el único medio de sustento familiar).

Según Human Rights Watch –organización claramente pro-occidental y colonialista- “montones de civiles mueren todos los días en Mali, víctimas de ataques de grupos armados islámicos, mientras las fuerzas de seguridad han matado a más de 60 hombres sospechosos de pertenecer a estas organizaciones terroristas”. De acuerdo con esta fuente carente de toda neutralidad, los grupos armados han creado un mecanismo de reclutamiento que les ha permitido duplicar la cantidad de “niños soldados” en sus filas, logrando que más de 900 escuelas cierren a lo ancho del país. Varios niños también han sido separados de sus familias, y más de 500.000 necesitan protección por hallarse en manos de traficantes y abusadores desalmados como el suicidado amigo de Trump Jeffrey Epstein. A pesar del nefasto panorama, nadie invierte un peso en la protección de los derechos de los niños y niñas malienses, ni siquiera las hipócritas ONGs occidentales.

Las consecuencias del genocidio infantil en marcha son terribles para las familias. Ismail fue liberado con la ayuda de un soldado uruguayo, y ahora está considerando cómo volver a Níger. Encarar un viaje de miles de kilómetros por el desierto en muletas es una misión imposible. Aún cuando lo logre, si la única profesión que conoce es la de pastor, se le hará muy difícil ejercerla con sólo una pierna.

“Traté de contactar a mi familia en Níger pero no lo logré” –dijo Ismail, que se cambió el nombre para proteger su identidad, antes de despedirse. “Ellos siempre se mueven con los animales y me temo que no les preocupa afincarse en algún lugar… Les gusta el nomadismo a pesar de que se han topado con todo tipo de criminales. La realidad es cruda y dura en este país” –alertó Ismail con una madurez y tristeza impropias de su edad.

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