El árbol de Navidad

En la oscuridad y humedad del frío callejón yace el árbol de navidad que no ha sido vendido,

arrojado por un comerciante tristemente afuera, con los escombros y restos de la onda de navidad,

pisoteado fuerte en el lodo y la basura, inservible incluso para alimentar un fuego…

Entonces me detuve y salvé aquel árbol empañado, y así es la historia que me contó:

“Mi madre era una reina del claro del bosque, y orgullosamente prosperé a su sombra,

porque ella me decía: ‘Cuando esté muerta serás monarca en mi lugar y reinarás, como yo,

por cientos de años, una torre de triunfo en medio de tus pares, cuando me aplaste en la tormenta te rendiré tu espacio, hijo, merecidamente tomarás mi lugar’.

Entonces crecí en gracia como un niño feliz, libre y salvaje en el corazón del bosque,

y el musgo y los helechos estaban por todos lados, y los ratones temerosos se arrastraban adentro y afuera,

y una paloma carpintera se balanceaba en mi rama más alta, y una ardilla parloteaba: ‘¡Es tan grande, es tan grande!’
Y un cervatillo tímido mordisqueaba un brote tierno, y un conejo mordisqueaba bajo mi raíz…

Oh, ¡era feliz en la lluvia y el brillo mientras pensaba que el destino era todo mío!
Entonces vino un hombre paseando con un hacha y supe que mi destino era caer y morir.
Con otros cientos me apiló fuerte y nos condujo a una mágica ciudad de luz,

a una avenida alineada con árboles de navidad, y yo pensé:

tal vez seré uno de estos, con oropel de plata y enchapado en oro,

una adorable visión para que contemple un niño, un resplandor con luces de todos los colores,

rubí y esmeralda, naranja y azul, y niños danzando con gritos de alegría,

a uno le puede ir peor que a un árbol de navidad.
Entonces me pararon junto con otros cien en la luz de un gran almacén,

pero yo pensaba en el bosque oscuro y quieto, y la humedad, la nieve, el calor y el frío,

y el viento suave y la brisa veraniega, y el ciervo moteado y los pájaros y las abejas…

Me puse tan enfermo que quería llorar, pero paciente esperé a que alguien me comprara.
Y alguien dijo ‘demasiado grande’, y alguien ‘demasiado pequeño’,

y algunos pasaban sin decir nada en absoluto.

Entonces un niño pequeño gritó: ‘Mamá, compra aquel’, pero ella sacudió su cabeza:

‘Es demasiado, querido, hijo mío’.
Entonces vino la noche, cuando cerraban la tienda, y fui dejado en el piso plagado,
un árbol indeseado, despreciado, no vendido, lanzado al fin al frío callejón.

Entonces dije: “No te aflijas, al menos serás un brillante y hermoso árbol de Año Nuevo,

todo brillante, reluciente, refulgente y deslumbrante,

una visión radiante como un sueño de hadas.
Porque hay una niña pequeña que conozco, que vive en la pobreza, miseria y aflicción,

que anda sin descanso desde la mañana a la noche, y nunca ha conocido el deleite de una hora…”

Entonces paré el árbol al pie de su cama: “Santa está un poco retrasado” dije.

“¡Pobre viejo amigo! Atado a la nieve en el camino, pero aquí está al fin, dejen que se divierta”.

Entonces ella se despertó del sueño y te vio allí,

y sus ojos eran amor y sus labios eran oración.

Y sus delgados pequeños brazos te estrecharon con una anhelante alegría que nunca había conocido.

Ella se despertó de la oscuridad más oscura para ver como una visión de ensueño a aquel árbol de navidad.

Su madre, desesperada y temiendo el fin, pero desde aquel día ella comenzó a arreglarse,

para jugar, cantar, reír con alegría…

¡Dios te bendiga, oh, pequeño árbol de navidad!
Has muerto pero tu vida no ha sido en vano: ayudaste a una niña a olvidar su dolor,

y esperemos que viva en nuestros corazones nuevamente.

 

traducción: Hugo Müller

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