Canción de la sardina

Un hombre gordo estaba sentado en el puesto de una orquesta y sus mejillas estaban húmedas con lágrimas,

mientras contemplaba a la alta primadonna, a la cual no había visto en años, él murmuró bajo “Oh, no recuerda aquella primavera en Montparnasse,
cuando tomados de la mano solíamos ir a nuestra clase de canto nocturna.

Ah, para mí aquellos días fueron tan divertidos y alegres, tan llenos de esperanza y ánimo.

Y aquella pequeña comida que teníamos de sardinas en lata y cerveza.

Cuando usted se veía tanto como una pequeña reina con su aire orgulloso y arrogante,

que tomé de la lata la última sardina y la entrelacé en su pelo”.
Compañera, ahora sólo soy un agente de bolsa mientras usted es grandiosa y elevada,

los laureles de la fama adornan su semblante mientras esperan príncipes por usted.

Y mientras me siento tan tristemente aquí y me alisto para sus tonos estremecedores,

no puede recordar, temo tristemente, si mi nombre es Smith o Jones.
Pero oh, aquellos días de otrora, cuando apenas tenía un centavo.

Y mientras mis amargas lágrimas caen y fluyen pienso nuevamente en usted.

Y nuevamente me parece ver a aquella loca de dulces dieciseis,

en cuyas trenzas tiernamente entrelacé aquella brillante sardina.

Coro:
Oh, aquella sardina en tu cabello, puedo verla brillando allí,

mientras la tomaba de su lata, y la entrelacé en tus trenzas.

Sardina plateada en tu cabello. Como una joya rica y rara,

oh, aquella pequeña sardina plateada en tu cabello.

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *