Mi verano indio

Aquí en el otoño de mis días mi vida ha madurado en una bruma.

No tengo visiones desagradables que despejar, difícilmente escucho sonidos discordantes.

Enfermedades como suaves decaídas me sostienen tranquilamente en alto.

Soy sordo a los patanes, ciego a los aburridos, la paz parece filtrar mis poros.

Pliego mis manos, mantengo la mente callada, encuentro alegría en los perros y niños.

Con temperamento tolerante y suave pensarán que casi soy un niño.

Sí, he llegado en modo placentero aquí, al otoño de mis días.
Aquí en el otoño de mis días me permito haraganear,

descansar y entregarme a los sueños: la vida nunca fue tan dulce, parece.

No he perdido mi sentido del olfato, mis papilas gustativas nunca me sirvieron tan bien.

Amo comer, la comida deliciosa que nunca me pareció la mitad de buena.

Me deleito con el té y el café, fumo y chupo mi ron a la noche.

Tengo un sentido más suave del tacto, y disfruto un montón de la comodidad.

Mis cielos son mucho más azules que grises, aquí en el otoño de mis días.

Aquí en el otoño de mis días mi corazón está lleno de paz y alabanza.

Y aunque sé que el invierno está cerca, lo encontraré y saludaré con un brindis.

Con libros amigables, con fuegos reconfortantes, y escasos pero favoritos deseos

viviré apartado de la lucha y el dolor, y haré un Cielo en mi corazón.
Porque la bondad, he aprendido, es mejor, y debería ser expresada con amabilidad.

Y así esperaré diciembre con una sonrisa y le daré la bienvenida,

pero entretanto, ¡bendito interludio!, venero a los Dioses por éste, el Otoño de mis días.
traducción: Hugo Müller

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