Mi perro es mi jefe

Cada día cuando se acercan las tres el viejo Dick mira el reloj,

entonces orgullosamente me trae mi bastón para recordarme nuestro paseo.

y en su frenesí perruno hace todo menos hablar.
Pero desde que me falta su celo y correa mis viejos huesos a menudo se cansan,

y así me aventuré a sugerir que hoy abracemos el fuego.

¡Pero con qué gemidos él expresaba la muerte de su deseo!
Me contemplaba con ojos lastimeros como si fuera a decir:

‘Viejo muchacho, no deberías perder tu correa, tú sabes,

vayamos con sonriente alegría, al brezal o la colina a seis millas,

así usaremos nuestras piernas y pulmones’.

Y entonces su ladrido se aquietó en un suspiro y se derrumbó sobre el suelo,

pero yo soy un bobo tan viejo y blando que abrí ancha la puerta,

estaba tan bonito, aunque el viento era fuerte anduvimos a través del páramo.

 

traducción: Hugo Müller

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