Los desvalidos

¿Qué hemos hecho, oh Señor, que estamos sembrados de maldad?

¿Cómo hemos errado y pecado para estar tan flagelados y heridos?

Azótanos, oh Señor, con látigos de escorpión, sólo podemos correr,

pero escucha nuestros penosos labios: ¿Qué hemos hecho?
¿Cómo hemos pecado para despertar tu cólera, para ganar tu desprecio?
Empinado y pedregoso ha sido nuestro camino desde que nacimos.

Oh, por una señal, una esperanza, una palabra, una mirada celestial,

¿por qué tu mano se ha vuelto contra nosotros, Señor?
Danos una oportunidad. ¿Qué podemos hacer, oh Dios, para ganar el asiento de tu misericordia?

¿Debemos vivir nuestras vidas en dolor y oscura derrota?
¿Debemos en servidumbre saludar bajo hasta el fin?

Cómo podríamos esperar, ¡podríamos saber que eres nuestro amigo!
Somos los desheredados, los condenados, los perdidos.

Por el aliento alimentados con polvo y cenizas, pagamos el costo.

¡Bocas tontas! Aún cuando sangremos con oración besamos la espada,

sí, aún muriendo nos abstenemos de maldecirte, Señor.

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *