Hombres del Alto Norte

Hombres del Alto Norte, el cielo salvaje está ardiendo,

islas de ópalo flotan en mares de plata, se encienden veloces esplendores,

bárbaros, sorprendentes, pálidos puertos de ámbar, buques dorados.

A nuestro alrededor brillan los orgullosos picos,

feroces jefes en consejo, sus tiendas en el cielo,

lejos, lejos bajo nosotros la gran corriente del Yukón,

como hilos de mercurio destellan al ojo.
Hombres del Alto Norte, ustedes que lo conocieron,

ustedes, cuyos corazones han morado sus esplendores,
¿pueden renunciar a él, pueden desprenderse de él?

¿pueden olvidarlo, su gloria y su estímulo?

¿Dónde está la dureza, donde está el dolor de él?

Perdidos en el limbo de las cosas que han olvidado

sólo queda la recompensa y la ganancia de él,

¡Fervor de la correría, y Dios, cómo pelearon!

Ustedes, que han hecho el bien, ustedes que fueron al extranjero,

tú, dinero mágico que has dado vueltas en tierras lejanas,

¿puedes olvidar aquellos días de gran cariño, allí con tu alma en la cima del Mundo?
Noches cuando ningún peligro podría mantenerte despierto,

extiendes ramas de abeto para tu colchón en la nieve,

¿pruebas todos tus festines como la panceta y los frijoles fritos en el fuego del campamento a menos de cuarenta?
¿Puedes recordar a tus huskies yéndose, ladrando con alegría y sus pelos al aire,

tú en tu anorak, tus ojos brillantes de contento, Monarca, tus temas el lobo y el oso?
Monarca, tu reino brillante y virgen, las montañas son tu trono, y un río tu auto,

el choque de un toro de alce te levanta del sueño,

el bosque es tu sillón, y tu vela una estrella.
Tú, que en este día pálido el Alto Norte te está seduciendo,
a su vastedad, inmaculadamente dulce,

tú, que tienes brazaletes de acero, firme de labios, resistente,

sin temor en el peligro y terrible en la derrota:

Honor del Alto Norte por siempre y siempre,

aunque ella te corone o ella asesine, sufre su furia, cuídala y ámala,

aquel que ha de gobernar debe aprender a obedecer.
Hombres del Alto Norte, las montañas salvajes los aman,

ríos orgullosos saltan cuando ustedes pasean sobre su pecho.

Vean, el cielo austero, pensante, sobre ustedes,

pónganse todas sus joyas para sonreír en su descanso.

Niños de Libertad, despreciamos las fronteras,

nosotros, que sómos débiles honramos su mérito.

Señores de lo Salvaje, Príncipes de los Pioneros,

demos un toque de diana que sonará alrededor de la tierra.

 

traducción: Hugo Müller

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