Exorcismo delirante en Buenaventura, Colombia

El obispo de la ciudad de Buenaventura, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, planea exorcizar a la ciudad entera el próximo fin de semana, arrojando agua bendita desde un helicóptero provisto por el ejército colombiano. Jaramillo rezará una oración dirigida a purgar el área de la infección demoníaca del narcotráfico (y del comunismo). Según su visión y vasta experiencia en el cargo religioso, los barrios humildes están plagados de individuos malvados que, además de ser simpatizantes del régimen bolivariano, riegan las calles de la ciudad con drogas e instan a los “buenaventureños” a cometer crímenes horrendos. Según la ONG Salvemos a Colombia, que opera en la zona, el diagnóstico del clérigo es un poco sesgado, pues hay contadísimas pruebas de que los crímenes registrados son perpetrados por fuerzas paramilitares que responden a las órdenes de Duque.

Desde hace más de diez años la ciudad viene padeciendo olas de extrema violencia, donde se conjugan la indigencia y la trata de personas, además de ser terreno de confrontación de cárteles, los cuales ante los bajos índices de empleo suelen cooptar y conchabar a los mercenarios que forman parte de las filas paramilitares, financiadas y moralmente lideradas por el expresidente Uribe Vélez, titiritero de Duque y principal recadero del mandamás Trump. Montoya decidió el exorcismo apenas se enteró del crimen de una niña de 10 años que fue torturada y descuartizada por “paracos” de maldad depravada.

El líder religioso declaró a la radio local: “Tenemos que sacar al diablo de Buenaventura y restablecer de una buena vez la paz y la tranquilidad en nuestra ciudad. Hace años que venimos perdiendo confianza y credibilidad con todos los crímenes que se cometen. Uno sale a las calles y se topa con actos de corrupción de toda clase, desde el tráfico de drogas a la prostitución. Nuestra zona portuaria se ha visto invadida de malvivientes con ametralladoras y armas sofisticadas que les permiten eludir a la policía y el ejército. Vamos a circundar toda Buenaventura desde el aire, y con mangueras hidrantes arrojaremos agua bendita capaz de destruir a los demonios, así la bendición de Dios se desplegará por toda la ciudad deshaciéndose de la perversidad que anida en los corruptores agentes del narcotráfico”.

La ceremonia de exorcismo se realizará durante las festividades anuales que conmemoran a los santos patronos de la ciudad. Ubicada en la costa cerca del valle del Cauca, donde se produce la cocaína más refinada del planeta, Buenaventura fue declarada en 2014 como la ciudad más violenta del país. De acuerdo con un vocero de Human Rights Watch “la mayoría de los barrios de la ciudad están dominados por poderosos grupos criminales que cometen todo tipo de abusos, como desapariciones forzadas, desmembramientos, lanzamiento de cadáveres al mar”.

Estos grupos se albergan en terrenos y casas abandonadas donde asesinan a sus víctimas, según manifiestan testigos, residentes, la iglesia católica y algún que otro oficial de policía. Si bien la propaganda duquesa anunció que las tasas de crímenes habían descendido en los últimos dos meses se registraron 500 homicidos y se incautaron varias toneladas de droga de máxima pureza.

Aunque los exorcismos suelen realizarse sobre personas, en 1890 el papa León XIII prescribió un exorcismo contra Satán y los ángeles caídos para resolver la infección demoníaca que se propagaba por los países meridionales de Europa.

El año pasado el Vaticano organizó un curso de entrenamiento de exorcismo para sacerdotes ante la avalancha de denuncias de posesión demoníaca en distintos puntos del mundo. El Vaticano respalda a la Asociación Internacional de Exorcistas, que representa a más de 200 clérigos católicos, anglicanos y ortodoxos que actúan ante cualquier “emergencia pastoral”.

A todo esto, se desconoce el paradero del diputado de las FARC Seuxis Paucias Hernández, mejor conocido como Jesús Santrich, quien abandonó el esquema de seguridad que le brindaba el Estado colombiano el pasado 30 de junio avisando a sus guardias que se iba a visitar a su hijo, ya que andaba con ganas de ver a sus nietos. Esta desaparición sólo conviene a la derecha gobernante y le permite a Duque continuar sin inquietud su plan de exterminio de defensores de derechos humanos y líderes indígenas que reclaman un poco de justicia por los desplazamientos y vejámenes a los que han sido sometidos por las fuerzas policiales, parapoliciales, militares y paramilitares de Duque que se pasean campantes por toda Colombia, denunciando que Santrich se encuentra escondido en la vecina Venezuela.

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