El Nadaísmo vs. Sociedad colombiana

En una pequeña plaza de Medellín, unos poetas adolescentes lanzaron a la hoguera el canon de la literatura colombiana. Gonzalo Arango, su delgado líder de 27 años se adelantó para leer el manifiesto del grupo. Estaba escrito en un rollo de papel higiénico.

Era 1958 y los nadaístas –algo así como los beatniks colombianos-, estaban en la cumbre de la fama por sus versos iconoclastas y los estilos de vida bohemios que antagonizaban con la mojigata sociedad medellinense. “Los nadaístas invadieron la ciudad como una peste” comienza su más famoso poema de la época.

Hoy, una estación de metro a unas pocas cuadras de la plaza está adornada con retratos de los poetas y algunas líneas de sus versos: un acto de reconocimiento tardío de una ciudad que una vez los despreció..

Y con la política colombiana en su mayor polarización en décadas, los ataques de los nadaístas a la moralización del establishment político y social son particularmente resonantes.

“Sesenta años atrás el alcalde de Medellín nos procesó por blasfemos, marihuaneros y ‘terroristas verbales’. Ahora nos pagan con un homenaje” dice Jotamario Arbeláez, uno de los tres sobrevivientes de los nadaístas originales.

En sus inicios, el grupo reunía a 13 poetas precoces sin un tema o estilo común, al movimiento le faltó definición pero no enemigos. Cuando un joven discípulo fue reprimido por el vicerrector de una escuela, su definición fue alegremente adoptada: “No sé lo que es el nadaísmo, sólo que es una abominación”.

Los nadaístas buscaban escapar de la chaqueta de la vida parroquial colombiana, dice Eduardo Escobar, aún animado a los 74 años. “La nuestra fue una reacción contra una sociedad que nos sofocaba, impidiendo nuestro pensamiento, nuestra lectura, y aún nuestro amor”.  A los 14 Escobar fue brevemente puesto en prisión por dormir con su novia adolescente, a quien se le prohibió ver a partir de entonces. La mezquindad de las acusaciones aún le duelen cuando lo recuerda hoy.

El movimiento fue también una reacción contra el amargo derramamiento de sangre que consumió a la Colombia rural luego del asesinato en 1948 de su líder, el socialista Jorge Eliécer Gaitán. Más de 200.000 campesinos murieron en el período conocido simplemente como “La Violencia”.

“Fuimos testinos de las guerras entre conservadores y liberales y vimos cuántos murieron por esta idiotez” dice Jaime Jaramillo, de 86 años, que escribió bajo el seudónimo de X-504. “Estábamos en contra de los ideas arcaicas del pensamiento y la actuación, éramos jóvenes e ignorantes, ¡queríamos cambiar la sociedad!”

El primer movimiento contracultural de Colombia prosiguió conquistando admiradores, incluido el novelista Gabriel García Márquez, pero su influencia también se sintió en la esfera política.

Los versos que abren el poema de Arbeláez “Un día después de la guerra” se despliegan ahora en un muro del metro. Escritospor primera vez en una carta a Jaramillo de 1964 –el año en que los rebeldes de las FARC tomaron las armas- el poema se convirtió en un emblema antibélico.

Un día después de la guerra 

si hay guerra 

si después de la guerra hay un día 

te tomaré en mis brazos 

un día después de la guerra 

si hay guerra 

si después de la guerra hay un día 

si después de la guerra tengo brazos 

te haré con amor el amor 

un día después de la guerra 

si hay guerra 

si después de la guerra hay un día 

si después de la guerra hay amor 

y si hay con qué hacer el amor

Cinco décadas después, fue un nadaísta de segunda generación, Humberto de la Calle, quien negoció el final del conflicto con las FARC como jefe de la comisión del gobierno en las conversaciones de paz llevadas a cabo en Cuba. De la Calle le da el mérito al grupo de su desarrollo político. “El nadaísmo me enseñó a jamás tragarme algo por entero, evitar los dogmas y escuchar a los demás. El sentido de la ironía y el pesimismo me ayudaron en La Habana… y pienso que serían útiles ahora, cuando nuestra sociedad se torna cada vez más odiosa” –dice De la Calle.

De la Calle se postuló a la presidencia en 2018 pero obutvo sólo el 2% de los votos en la primera vuelta, perdiendo su plataforma de centro ante la creciente polarización electoral.

“Sufrí una de las derrotas más estruendosas de la historia electoral colombiana” dice De la Calle con una risotada. Ve las propuestas del presidente Iván Duque para renegociar aspectos del acuerdo de paz con el potencial de profundizar las divisiones políticas.

“Estamos volviendo a la suerte de polarización que vimos en los ’40 y ‘50” dice Arbeláez. “Gonzalo (Arango) entendía la necesidad de crear una alternativa a las violentas facciones políticas. Pienso que el nadaísmo ayudó a muchos colombianos a salir de aquella caverna particular, pero aparentemente hay muchos que se fueron dejados adentro”.

Los restantes nadaístas continuaron su lucha por 60 años. Jaramillo es uno de los historiadores más importantes del país y enseña poesía en workshops en una librería de Medellín. Arbeláez continúa apareciendo en ferias de libros en todo el mundo. Escobar pasó el 2018 releyendo textos de marxistas latinoamericanos para un nuevo libro y el año pasado se reunió con su novia de la adolescencia. Planean casarse.

De todos modos, el reconocimiento tardío no ha desalentado el contrarianismo subyacente en la filosofía del grupo. “Continuaremos en desacuerdo con el mundo –aún cuando el mundo se haya percatado de que tenemos razón-” dice Arbeláez.

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