La rima de los intrépidos

No pudimos sentarnos y estudiar las leyes,

no pudimos soportar la inactividad de un banco,

porque nuestra contienda sangrienta estaba surgiendo,

y no necesitábamos más urgentes excitaciones y excesos que están prohibidos.

Entonces tomamos vino y bebidas y otras cosas,

y el diablo en nosotros luchaba por liberarse,

hasta que nuestros amigos se levantaron en cólera y señalaron el camino,

y pagaron nuestras deudas y nos empacaron sobre el mar.
Oh, nos sacudieron y nos transportaron sobre la espuma,

a las tierras más grandes que seducen al hombre para vagar,

y tomamos la oportunidad que dieron de una tumba extranjera y lejana,

y le dijimos adiós para siempre a nuestro hogar.
Y algunos de nosotros están escalando el pico, y algunos están acampando en la llanura,

junto al pino y la palma nos encontrarán, con ningún reclamo que nos ate,

por la carretera o el camino nos encontrarán otra vez.
Somos los destinados siervos de la libertad, cielo y mar,

fallamos donde se desbordan las ciudades sobrepobladas,

pero los extraños modos de la tierra conocen nuestro orgullo y mérito,

y vamos hacia la oscuridad como lo hacen los combatientes.

Sí, vamos hacia la noche como van los hombres valientes,

aunque nuestros rostros a menudo estén rayados con dolor,

aún somos duros como los gatos de matar,

y nuestros corazones todavía son temerarios,

y danzamos con la muerte una docena de veces.
Y nos encontrarán en Alaska detrás del oro,

y nos encontrarán arreando el ganado en el Sur.

Nos gusta el trago fuerte y la diversión, y cuando se corre la carrera,

con frecuencia morimos con maldiciones en nuestra boca.

Somos salvajes como potros irrompibles, aunque nunca pequeños.

De nuestros pecados tenemos anchas espaldas para soportar la culpa,

pero jamás nos quedaremos en la ciudad y jamás nos asentaremos,

y jamás tendremos un objetivo o una meta.
No, tenemos aquello en nosotros que el tiempo jamás podrá domar,

y la vida siempre nos parece un juego sin importancia,

y mejor que ellos se olviden, aquellos que dicen que todavía nos aman,

olvídense, borren con amargura nuestro nombre.
traducción: Hugo Müller

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