La balada de la piel de zorro negro

I

Estaban Kitty uñas largas y Windy viviendo una vida desvergonzada,

cuando hacia ellas vino en la larga, larga noche el hombre que no tenía nombre,

cargando su premio de una piel de zorro negro, de la tierra virgen de donde provino.

Sus mejillas estaban blanqueadas como la espuma que se levanta

en el canal artificial cuando fluye la crecida de la primavera,

en la profunda oscuridad de sus concavidades calcinadas por el pecado,

brillaban sus sombríos ojos,

lo conocieron de lejos por el hombre inestable que escupía sangre en la nieve.

“¿Han visto alguna vez una piel como ésta?” dijo él, “no hay otra en el mundo tan fina,

toda ella una piel tan negra como la noche, con un lustre, un tamaño, un brillo,

es la vida para un hombre de un pulmón como yo, es Londres, es mujeres, es vino.
El alce se oculta y lo llama zorro-diablo, y juró que ningún hombre podía matarlo,

que quien lo cazara, temprano o tarde, seguramente sufrirá algún mal,

pero yo me reí de ellos y sus viejas historias de pieles rojas.

¡Ja, ja! Todavía me estoy riendo.
Porque míren la piel, es tan suave como el pecado, y negra como el centro de un Pozo.

Con arma o trampa, cualquiera sea la suerte, juré que lo capturaría,

de estrella en estrella, en los campos lejanos lo cazaría y no abandonaría.
Porque el zorro-diablo era veloz y astuto, y parecía burlarse de mí,

me despertaría alerta junto a la luz de la fogata, escuchando su diabólica alegría,
en mi sueño sus ojos brillarían, y vería su sombra.

Olfateaba y corría desde la perdiz que había envenenado en exceso,

indemne escapaba de mi plomo iracundo (era como si disparara por adivinación),

pronto venía en la noche en plena luz de la luna para mofarse de mi agotamiento.

Lo rastreaba hasta donde las montañas se encorvan como la vértebra del mundo,

lo rastreaba hasta los abismos mortales donde se lanza la avalancha,
desde las oscuridades a las nieves sacerdotales, donde se rizan las nubes cardada,.
desde las vastedades donde el mundo sobresale a través de las nubes como los mares entre bancos de arena,

mantuve su rastro hasta que me condujo de regreso a la tierra que había dejado por vieja,

la tierra donde había saqueado varias lunas.

Estaba cansado, enfermo y frío.
Estaba enfermo, enfermo de alma, de la fútil cacería, y entonces allí juré

que el completo demonio del zorro implacable se iría, porque ya no cazaría más,

entonces me froté los ojos en una gran sorpresa, estaba parado junto a la puerta de mi cabaña.
Un rifle se elevó en la penumbra fantasmal, y un disparo vengador que aceleró,

un aullido que hubiese estremecido a un cadáver con cara de crema, y el zorro-demonio cayó muerto…
Pero allí no hubo jamás una señal de herida, y jamás una gota de sangre.
Así fue el final de aquel gran zorro negro, y éste es el premio que gané,

y ahora iré por un trago para animarme, he estado andando desde el amanecer,

haremos un brindis por el penoso fantasma del zorro cuya carrera terminó”.

II
Ahora Kitty uñas largas y Windy, eran malas como las peores,

en su casa rodante junto al río esperaban y observaban una presa,

con vino y canto se divertían toda la noche, y dormían como chanchas durante el día.

Porque hicieron cosas en el Sol de Medianoche que ninguna lengua se atreverá a contar,
y había hombres allí que caminaban libres por la tierra, pero cuyos nombres están escritos en el infierno,
y en llamas con los nombres culpables de Fournier y Labelle.
No confíen en una bolsa de polvo, dormirían el sueño del pecado,

porque habría aquellos que les robarían sus ropas cerca del amanecer,

y un premio como ese en los ojos de una mujer es una piel de zorro negro sin igual.
Pongan su fe en el gato montañés si están dentro de su escondrijo,

confíen en los colmillos de la madre-loba, y las garras del oso desgarrado pero oh,

¡sean precavidos de los ardides y las sonrisas de dientes de oro de una muchacha de salón de baile!
Sea como fuere, estaba más allá de todas las leyes refrenar las lujurias del hombre,

un hombre profundamente bebido que se hundió en el sueño para jamás despertar,

y el Yukón tragó a través del agujero el frío cadáver del asesinado.

III
El zorro de piel negra hace sombra desde cerca del techo hasta el piso,

y parecía elegante y brillaba suavemente y la mujer lo acarició con fuerza,

y el hombre se paraba al lado con ojo inquieto, sus dientes rechinaban y juraba.
Cuando los ladrones y matones caen y luchan caen también los atrasos en los pagos,

y tarde o temprano el pecado encuentra su destino, y entonces cae un día

en que Kitty uñas largas y Windy estaban colgadas como perros en la bahía.

La piel es mía, toda mía” gritaba ella, “yo hice la hazaña sola”.

Es para compartir y compartir con un par de culpables” susurró él en un tono preñado,

y así gruñeron como malamutes sobre un hueso mohoso.

Y así pelearon, con un miedo auténtico hasta que por fin

en un amanecer ella se deslizó a Dawson para vender el fruto del pecado,

esta piel de zorro negro que hizo de sus vidas un infierno.

Ella se deslizó tan rígida como él la dejó, agarró la maravillosa piel,

su pulso latía, sus pies estaban veloces, su temor era como una estaca,

se rió con alegría, no lo vio levantarse y seguirla.
Los acantilados se alzan y asoman sobre la ciudad de Dawson,

ven sus luces brillar por las noches y miran hacia abajo duramente,

se mofan del plan del hombre con gesto sombrío, irónico.
El camino era en pendiente, era el tiempo en que la nieve se hunde rápidamente,

toda cardada como la miel, el hielo del río se estaba quebrando,

el río se escaldó bajo su corteza con una poderosa agonía.
Y sobre la veloz y limosa corriente trepó una mujer en pánico,

aferrándose a una piel de zorro negro como si sostuviera a su querido,
y fuerte la apretaba contra su pecho, entonces Windy se acercó.
No hizo lamento alguno, su corazón era una piedra, ella leyó su rostro sonriente,

y como un sueño titiló todo el oscuro horror y desgracia de su vida,

sólo un momento, con un gruñido él la lanzó al espacio.
Ella rodó por cerca de cien pies, ella rebotó como una pelota,

de peñón en peñón descendió a través de la madera y nieve que caía…
Un agujero se asomó en el hielo del río, la espuma relampagueó, eso fue todo.

Un pájaro cantó a la alegría de la primavera, tan punzante, dulce y frágil,

y con un brillo cegador la tierra estaba vestida con una cota de malla brillante y vívida,

y con una maravillosa piel de zorro negro un hombre se deslizaba por el sendero.

IV
Estaba el rostro acuñado de un hombre que corría a la orilla del río,

que se tambaleaba ante cada corriente y fangal, y siempre se patinaba y hundía,

e incluso maldecía a su Hacedor, y siempre tenía algo para beber.
Viajaba como una cosa cazada, duramente hostigada, molesta de dolor,

la vieja abuela luna se arrastraba desde su nido acolchado de nubes,

las ancianas montañas se burlaban de él en su descanso primitivo.
Sombras siniestras cubrían la nieve, el aire estaba extrañamente templado,

el valle encinchado estaba mudo de alegría, la risa de lo salvaje,

la quietud, la sardónica risotada de un ogro sobre un niño.
El río se arrugaba bajo el hielo, gemía como alguien en pena,

y abismos bostezando se abrían anchos, y se cerraban y bostezaban otra vez,

y hojas de plata se alzaron en lo alto hasta que se dividieron en dos.
Desde afuera de la casa rodante, junto al camino vieron a un hombre a lo lejos,

ir por el estrecho sendero del río donde están las corrientes veloces,

donde, frágil y y desgastado, el hielo se rasga y las aguas enojadas se sacuden.

Pero no lo vieron aplastar y hundirse en el torrente helado,

no lo vieron aferrarse allí, agarrado por la resaca,

aferrándose con las uñas de los dedos sangrantes al hielo y la nieve dentados.
Encontraron una nota junto al agujero donde él había tambaleado:

Aquí encontró su destino por mala suerte un hombre que vivió en pecado,

y aquel que me ame a menos que deje esta piel de zorro negro”.
Y es extraño, porque a pesar de que buscaron por todo alrededor del río,

ningún rastro o señal de la piel de zorro negro fue encontrado después,

aunque un hombre dijo que vio la pisada de las pezuñas profundas en el suelo.

 

traducción: Hugo Müller

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