La urgencia biológica

Confunde todas las aberraciones que mueven a los hombres a hacer cosas tontas,

como comprar brazaletes para una puta, o estúpidos anillos de boda.

Como si no hubiésemos tenido suficiente dolor con vejar nuestras simples almas

sin aquella marca de material problemático que etiquetamos como sexo.
¿No tiene la ciencia los medios producidos para la propagación humana,

por la inseminación inducida artificialmente?
Entonces cada hombre debería ser un sacerdote, y cada doncella una monja…

Oh, bien, tan castos como ellos al menos, pero para nada divertidos.
Sólo piensa cómo hubiésemos crecido en gracia si hubiésemos podido excluir la lujuria,

entonces la inocencia debería tomar su lugar, bueno, en un sentido podría.

¡Cómo podríamos ser libres para siempre de las pasiones que nos confunden!
¡Qué paz en la tierra si sólo pudiéramos prohibir el sexo!

 

traducción: Hugo Müller

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