La tienda de flores

Porque no tengo jardín ni peniques para comprar me paro delante de la tienda de flores y suspiro.

La belleza primaveral vertida en ramilletes brillantes de violetas, rosas y narcisos.
Y mientras veo la alegía de las flores, suspirando triste, pienso en Madre en su habitación, acostada en soledad.

Ella balbucea sobre la linda huerta que conoció en su infancia,
y cómo recogía rosas allí en rocío alegre.

Me estremezco en la calle tan gris, sin embargo me detengo,

esta tienda de flores parece tan alegre en la suciedad del canal…

‘¿Oh, señor, tendría una rosa?’ (ahora allí, estoy llorando),

‘para Madre, cada flor sabe que se está muriendo’.
traducción: Hugo Müller

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