La moda de morir en el Everest

El hombre siempre ha aspirado a la grandiosidad y ha desafiado a Dios y a la naturaleza para alcanzar metas estúpidas, para conquistar fama entre sus despreciables pares de especie. Llegando lentamente al año 2020, se podría afirmar que el mundo nunca fue tan asquerosamente injusto y miserable. Miles de atletas de todo el mundo, ávidos escaladores y trepadores, se proponen como meta gloriosa alcanzar la cumbre del monte Everest –el más alto del mundo, en el mítico Himalaya-, y sacarse una selfie para difundirla por redes sociales. Son muy pocos los que cumplen el sueño, y como se verá a continuación, varios dejan la vida en el intento. En efecto, el escalador británico Robin Fisher es la víctima más reciente de una temporada 2019 arruinada por el clima poco amistoso y la superpoblación en los recovecos que conducen a la cima.

La muerte de Fisher, que colapsó mientras retornaba de la cumbre, fue anunciada por Mira Acharya, el director del Departamento Nepalí de Turismo. El inglés de 44 años murió a los 8.600 metros luego de caer abruptamente enfermo.

Murari Sharma, encargado de la empresa Everest Parivar Expedition, que guió a Fisher a su fatal destino, dijo que había formado parte de un equipo excepcional. “Nuestros escaladores, con el guía sherpa, hicieron cumbre a las 8.30am. Luego festejaron con agua helada que a Fisher le cayó pesada. Intentaron cambiar su botella de oxígeno pero le dio un paro fulminante. La familia contó que la víctima ya había escalado el Mont Blanc y el Aconcagua, y que “vivió la vida a pleno. Era un tipo que impactaba positivamente”.

Más allá del amor de los allegados, otros especialistas, como Garret Madison de la empresa yanqui Madison Mountaineering aseveró con tono publicitario que “últimamente hay muchos chambones, inexpertos y mal preparados, que pretenden escalar el Everest como si fuera un juego de niños. Si vas con un equipo como el nuestro estarás seguro, pero si elegís a la competencia puede ser un viaje de ida…”.

Lo más patético del asunto es la foto que circuló durante el fin de semana de las largas colas para arribar a la cima, donde cientos de escaladores aguardan el momento sublime apiñados y expuestos a temperaturas y vientos gélidos. En efecto, se han formado varios “cuellos de botella” en los riscos, y el descenso se torna más que peligroso, habiendo provocado más de 10 muertes en el último mes.

El más célebre “cuello de botella” fue bautizado Hillary, y allí cayó frito el miércoles pasado el trepador yanqui Don Cash, quien no aguantó la sórdida espera, al igual que la hindú Anjali Kulkarni, quien harta de esperar que se despejaran las filas de ascenso, quiso saltar un abismo estando con evidente cansancio y se desmayó. A pesar de ser rápidamente cargada por dos changadores nepalíes baqueanos no logró resistir hasta que llegara la ayuda de la abúlica Cruz Roja.

En la “fiebre por escalar el Everest”, como ocurre con todas las actividades riesgosas, hay empresas inescrupulosas que ofrecen paquetes de trekking baratos que atraen a turistas incautos que piensan que en la vida todo es posible, acólitos del “sí se puede” del marketing político servil a los intereses de Washington. Así se arma un mercado negro de empresas “low cost” que guían hasta la mismísima cumbre sin informar que el Departamento de Turismo Nepalí es un desastre, que no sabe organizar los ascensos y descensos, armándose congestiones bárbaras capaces de liquidar a los aventureros mejor equipados.

Climáticamente, ésta fue la peor temporada desde 2012, y sólo se pudo acceder a la cumbre en 5 días de mayo, habiendo un montón de trayectos en los que sólo puede pasar una persona. Hay un montón de inconvenientes, de falta de planificación de los nepalíes que asombra a los extranjeros, siendo una cerrada sociedad comunista. Ellos podrían vetar escaladores, fortalecer los requerimientos y exigencias para tomar la popular ruta South Col.

“En verdad, las condiciones de ascenso este año son horrorosas, y hubo más atascamientos que en el tráfico de grandes urbes como Lalitpur y Biratnagar. Subir allá para estar todo apretujado y empujado como en un recital de heavy metal no tiene nada de excitante en plena naturaleza salvaje” comentó Alan Arnette un bloguero que hace crónicas de las temporadas de escalamiento al Everest desde que contrató el servicio de Internet.

Kenton Cool, que llegó a la cima el 16 de mayo en su 14º ascenso, guiando un cliente, explicó que el problema es la creciente popularidad del Everest, sobre todo entre escaladores hindúes y chinos, habiendo declinado también la experiencia y capacidad de los montañistas, que siempre ha sido un deporte de élite y que los intentos de popularizarlos causan estas muertes totalmente evitables. Las filas en sí no son el verdadero problema: cada vez hay más escaladores incompetentes guiados por equipos incompetentes. Si uno no lleva una buena partida de oxígeno suplementario y se para en una fila larga a esperar su muerte será repentina y cruda.

Con tantos muertos el Ministerio de Turismo Nepalí comienza a preocuparse. De todos modos, la imbecilidad y la torpeza del hombre persisten y probablemente en el 2020 –año místico en la cultura nepalí- habrá un récord de anotados, con oxígeno suplementario para soportar colas interminables en alturas inhumanas.

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