La balada de la medalla de cuero

Sólo una medalla de cuero, colgando allí en la pared,

sucia, deshilachada y descolorida, polvorienta, desgastada y vieja,

igual es lo más valioso de mis humildes tesoros,

y no me desprendería de aquella medalla aunque me dieran su peso en oro.
Leo la inscripción: Por el valor presentado a Millie MacGee.
¡Ah!, cómo el recuerdo me lleva de regreso a “aquellos viejos y buenos tiempos”
cuando Millie y yo éramos novios, y ella era bella como una flor,

aún poco soñé que su pecho podía mantener un corazón de heroína.
¡Escuchen! Les contaré… Millie MacGee era una huérfana,

viviendo con su hermano Billie bajo el cielo de Yukon,
Sam, su padre, fue cremado en el invierno del ’93,

tan diestra y sinceramente relatado por la pluma de un joven autor.
Billie era un bonito muchacho, solemne y con pelo de seda,

la imagen de Jackie Coogan en los días anteriores al cine sonoro.
Millie era devota de él, con un cuidado mayor que el de una madre,

y estaban felices juntos en su cabaña de Bunker Creek.
Era sólo un pueblo minero, donde los corazones son simples y sinceros,

y Millie MacGee era directora de escuela, amada y admirada por todos,
pero nadie soñó por un momento que ella haría lo que se atrevió a hacer,

pero esperen e intentaré contárselos, tan claro como lo pueda recordar…
. . . . . . . . . . . . . .
¡Tarde de navidad en la escuela-hogar! Una escena de luz y alegría,

los niños anhelantes y contentos, los padres y vecinos también,

Justo al frente está Millie, cerca del árbol de navidad,

mientras Billie, su hermano, recita “El disparo de Dan McGrew”.
Recuerdo que han escuchado la obra, una balada de agallas y sangre,

de una quebradiza Yukon, un camino congelado y una pelea en una inmersión en alcohol,

es en un par, me figuro, con “El rostro en el piso del bar”,

y los muchachos que escribieron estas piezas deberían ser despellejados vivos.

Imaginen aquella escena de satisfacción, los honestos rostros brillando,

los niños boquiabiertos y hechizados mientras Billie se pavonea con sus cosas.

El escenario con velas estrelladas y allá en la última fila, Millie, brillante como un hada, en radiantes volados y crespones.

Pensé que parecía más un ángel, todo lo que necesitaba eran alas,

y busqué una sonrisa seráfica pero sus ojos estaban sólo para Bill,

entonces allí estaba yo amando y esperando, y soñando las cosas más locas,

y Billie gritando y declamando, y todos absortos y quietos.
Billie era orgulloso como un príncipe, explotaba en el resplandor de las candilejas,

y temblando por él estaba Millie mientras seguía cada palabra,

entonces justo cuando él alcanzó el clímax, despotricando y cortando el aire, ¡ugh!,

¡cómo me hizo estremecer! Ocurrió la cosa horrible…

Era el día cuando los vestidos tenían volantes y las faldas raspaban el suelo,

y los volantes nevados de Millie barrían a su alrededor como espuma de mar,

la observé adorándola humildemente cuando oh, ¡mi corazón dio un salto!
espantosa, achacosa y llena de cicatrices, saliendo del árbol la cosa… se arrastró.
Un monstruo de patillas y ojos pequeños, espeluznante y sombrío,

salvaje, silencioso y escabulléndose, nació de la oscuridad y la mugre,

deslumbrado por el resplandor y las luces, vaciló por un momento o dos,

luego como una sombra siniestra se desvaneció… bajo la pollera de Millie.
Yo contemplé. ¿Me habían engañado mis ojos? Me estremecí. Contuve el aliento.

Seguro lo debí soñar. Temblaba. Me dispuse a levantarme…

Entonces, ¡mi Dios!, era real. Millie se puso pálida como la muerte,

y oh, en sus ojos adorables se despertó una mirada de terror.

¿Su grito dio la alarma? Ah, no, señor. Se congeló en sus labios.
apretando sus dientes lo corroboró, y vi cerrarse sus manos delgadas,

agarrando y sosteniendo tensamente, con las puntas de los dedos desesperadas,
algo que se marchitaba y arrugaba bajo su delicado vestido.
Rápido me precipité a su rescate pero ferozmente ella señaló: “¡No!”
Sus ojos estaban oscuros con angustia pero sus labios estaban firmes y severos,

entonces supe que ella estaba pensando en Billie, el chico debía tener su show,

cosechar completa su gloria, nada importaba excepto él.
Así clavado a mi silla con horror, me estremecí ahí y vi sus dedos

agarrando y apretando frenéticamente con toda su fuerza algo que se retorcía y luchaba,

un demonio de dientes y garras luchando con furia y temor bajo su vestido blanco.
¡Oh, si sólo pudiera ayudarla! Pero estaba la amplia sala en el medio,

y nuevamente sus ojos me buscaron: “¡Firme!” parecían decir.

“Quédate donde estás, Bob Simmons, no tengamos una escena,

Billie pronto terminará. Sólo un momento… ¡quédate!”
¡Un momento! Ah sí, la tengo. Sabía cómo noche tras noche

ella le enseñó cada línea de aquella balada con paciencia, orgullo y alegría,

con gesto y tono dramático, ella le enseñó cómo recitar…

Y ahora al final ella le falla, no, nunca debería ocurrir.
¡Un momento! Parece como los viejos. ¿Por qué Billie estaba tan lento?
El tartamudeó. Dos veces repitió: “La dama que es conocida como Lou…”

El muchacho estaba atascado y ella lo sabía. Su rostro estaba frenético de dolor.

¿Quién si no ella podía venir en su rescate?, ¿podía recordar el apunte?
La vi susurrar salvajemente mientras se inclinaba hacia el muchacho atemorizado,

pero Billie miraba como un tonto, y yo sofoqué una ansiosa maldición.

Más alto,  más alto le apuntó, entonces el rostro de él se iluminó con alegría,

y jadeando, exultante y ruborizado, él terminó el verso final.

Entonces el joven se debía levantar como un torbellino, mientras resonaban las aclamaciones del público,

su pieza había sido la sensación de la velada.

“¡Bravo!” los escuché decir.

Pero allí, en el corazón del estrépito había alguien que no podía oír,

la amante hermana que lo había entrenado, porque Millie se había desmayado.

Me precipité a su lado y la agarré, entonces otros vieron su malestar,

y todos estaban anhelantes de ayudarme mientras apoyaba su cabeza dorada,

pero sus brazos estaban tensos y rígidos, y agarraban los bordes de su vestido,
destrabando sus manos encontraron… ¡una rata!… Y la bruta estaba muerta.
En silencio aplastó su vida, más que atemorizar a la multitud,

y el pequeño y extraño triunfo de Billie… ¡Ey! Madre, ¿quieres un té?
He estado contando una historia que me hace sentir tan orgulloso…

Es extraño, déjenme presentarles a mi esposa, esa era Millie MacGee.

 

traducción: Hugo Müller

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *